Orfelunio
Poeta veterano en el portal
La regla
De la costilla, de la costilla,
para que pueda cocinar,
de la costilla, de la costilla,
para que tengamos un horno
al que llamemos hogar;
de la costilla y de barro,
con la costilla soñar...
Escucha amigo mío al alma pura,
escucha como canta sin saber,
escucha su garganta de hermosura,
escucha el bello sueño del ayer.
Atiende lo que dicen las estrellas
que decoran espacios al azar,
escucha porque pronto pasan huellas,
aprende de las huellas su pasar.
Comprende a la natura conocida,
no atiendas en la humana torcedura
que explica los engaños revertida.
No sabes de la misa... tanto cura
un santo que es varón a su medida,
como el malo que deja su cordura.
-Pedro, tengo prisa..
-Pero señor… debo decirle algo importante...
-No, Pedro, no, que me espera el juicio final... Luego hablamos.
Cerró la puerta.
Se escuchó a Pedro ya muy distante:
-¡Señor!, que en la Tierra... no queda nadie.
Nadie había en la tierra de conciencia
porque el parte mortal pasó a la vida,
y nadie apareció por la evidencia
que nada en esa muerte detenida.
Todo estaba reunido en su conjunto,
geométrica postura que fetal,
sólo espera, del ser fecundo punto,
dar luz por el conducto vaginal.
Por eso jueces hubo que juzgaron,
en un tiempo que el hombre era ignorante
de la verdad que avista el climaterio.
Ahora el hombre, como juzga andante,
cree que lo correcto desfloraron
aquellos que profanan el misterio:
Un falo presuntuoso y comandante.
De la costilla, de la costilla,
para que pueda cocinar,
de la costilla, de la costilla,
para que tengamos un horno
al que llamemos hogar;
de la costilla y de barro,
con la costilla soñar...
Escucha amigo mío al alma pura,
escucha como canta sin saber,
escucha su garganta de hermosura,
escucha el bello sueño del ayer.
Atiende lo que dicen las estrellas
que decoran espacios al azar,
escucha porque pronto pasan huellas,
aprende de las huellas su pasar.
Comprende a la natura conocida,
no atiendas en la humana torcedura
que explica los engaños revertida.
No sabes de la misa... tanto cura
un santo que es varón a su medida,
como el malo que deja su cordura.
-Pedro, tengo prisa..
-Pero señor… debo decirle algo importante...
-No, Pedro, no, que me espera el juicio final... Luego hablamos.
Cerró la puerta.
Se escuchó a Pedro ya muy distante:
-¡Señor!, que en la Tierra... no queda nadie.
Nadie había en la tierra de conciencia
porque el parte mortal pasó a la vida,
y nadie apareció por la evidencia
que nada en esa muerte detenida.
Todo estaba reunido en su conjunto,
geométrica postura que fetal,
sólo espera, del ser fecundo punto,
dar luz por el conducto vaginal.
Por eso jueces hubo que juzgaron,
en un tiempo que el hombre era ignorante
de la verdad que avista el climaterio.
Ahora el hombre, como juzga andante,
cree que lo correcto desfloraron
aquellos que profanan el misterio:
Un falo presuntuoso y comandante.