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Cielomar

Solaribus

Poeta veterano en el portal
Hoy recordé los años de la infancia. (¿Te acordás de nuestro juego preferido?)
Nos parábamos bajo los árboles, inmóviles y con los brazos pegados al cuerpo invocábamos al viento para que moviera las hojas y las hiciera caer sobre nosotros.
A veces caía alguna de dos colores: roja y verde. Y bastaba que apenas nos rozara el cuerpo para que creyéramos que se trataba de un alma que buscaba encarnarse, una palabra que había estado pensando en nosotros desde antes de que llegáramos al mundo y nos estaba eligiendo en ese instante, a vos y a mí, para hacerla nacer, para decirla.
Hoja tras hoja fueron cayendo a partir de aquél juego y así vinieron los poemas, (los poemas se parecen tanto a los hijos).
Pasaron muchas mañanas y muchas tardes con sus noches desde entonces pero todavía sos rojaverde como aquellas hojas
y sabés desprenderte y volar y rozarme, (aunque terminés en el suelo).
Y no sólo caés desde los árboles, ahora sos una mujer y aprendiste a arrojarte desde los picos de las montañas como las avalanchas de nieve o los ríos de deshielo.

Tuve que aprender a expandirme
para poder recibirte
aprender a escucharte venir hacia mí
en el azul de tu silencio previo
aprender a sorprenderme, nutrirme de ese riego
y compartir el palpitar de la madera
dejarme preñar por la madurez de tu furia
y tu inocencia viajera
recién entonces pude engendrar
las palabras que siempre susurraste

Algunas veces viene el mar a visitarme -no sé de dónde- aparece donde sólo había tierra desierta
(el mar se parece tanto a los árboles).
Se planta frente a mí. En el preciso lugar donde mis manos comprenden tu lenguaje.
Yo suelo preguntarme de qué color es el mar cuando no está. (¿De qué color son la m, la a y la r?)
Dicen que son azules -siempre azules-
Y aunque el mar sea marrón o negro o rojoverde como vos, detrás -íntimo- es azul.

Y yo lo imagino Azul como la base de un témpano.
Frío
Tanto que se parece al cielo.
Cielomar


A veces, vos y el cielo
se parecen al mar
 
Hoy recordé los años de la infancia. (¿Te acordás de nuestro juego preferido?)
Nos parábamos bajo los árboles, inmóviles y con los brazos pegados al cuerpo invocábamos al viento para que moviera las hojas y las hiciera caer sobre nosotros.
A veces caía alguna de dos colores: roja y verde. Y bastaba que apenas nos rozara el cuerpo para que creyéramos que se trataba de un alma que buscaba encarnarse, una palabra que había estado pensando en nosotros desde antes de que llegáramos al mundo y nos estaba eligiendo en ese instante, a vos y a mí, para hacerla nacer, para decirla.
Hoja tras hoja fueron cayendo a partir de aquél juego y así vinieron los poemas, (los poemas se parecen tanto a los hijos).
Pasaron muchas mañanas y muchas tardes con sus noches desde entonces pero todavía sos rojaverde como aquellas hojas
y sabés desprenderte y volar y rozarme, (aunque terminés en el suelo).
Y no sólo caés desde los árboles, ahora sos una mujer y aprendiste a arrojarte desde los picos de las montañas como las avalanchas de nieve o los ríos de deshielo.

Tuve que aprender a expandirme
para poder recibirte
aprender a escucharte venir hacia mí
en el azul de tu silencio previo
aprender a sorprenderme, nutrirme de ese riego
y compartir el palpitar de la madera
dejarme preñar por la madurez de tu furia
y tu inocencia viajera
recién entonces pude engendrar
las palabras que siempre susurraste

Algunas veces viene el mar a visitarme -no sé de dónde- aparece donde sólo había tierra desierta
(el mar se parece tanto a los árboles).
Se planta frente a mí. En el preciso lugar donde mis manos comprenden tu lenguaje.
Yo suelo preguntarme de qué color es el mar cuando no está. (¿De qué color son la m, la a y la r?)
Dicen que son azules -siempre azules-
Y aunque el mar sea marrón o negro o rojoverde como vos, detrás -íntimo- es azul.

Y yo lo imagino Azul como la base de un témpano.
Frío
Tanto que se parece al cielo.
Cielomar


A veces, vos y el cielo
se parecen al mar



Danieluchito
Me emociona esta prosa que viaja desde la infancia cubierta de inocencia hasta este presente...me imagino ese juego esperando que las hojas cayeran para crear una palabra y de esas palabras como hojas inventar poemas como árboles...como vamos aprendiendo en las alas del amor, como poco a poco nos volvemos más intuitivos y percibimos la presencia amada aún antes de que los ojos físicos puedan verla...
Siento la ausencia física de tu compañera mas ella esta en el paisaje, en el mar cuyas olas se parecen a los árboles, en ese íntimo Azul que para mí se parece tanto a la ternura y a la lejanía, en el cielo y el mar que están como su esencia...
Mis felicitaciones por esta narrativa profundamente hermosa, has vuelto con tu universo de letras a dejarnos tus palabras que engrandecen estos espacios poéticos.
Te dejo mi cariño grande, mi querido amigo.
Ana
 
Danieluchito
Me emociona esta prosa que viaja desde la infancia cubierta de inocencia hasta este presente...me imagino ese juego esperando que las hojas cayeran para crear una palabra y de esas palabras como hojas inventar poemas como árboles...como vamos aprendiendo en las alas del amor, como poco a poco nos volvemos más intuitivos y percibimos la presencia amada aún antes de que los ojos físicos puedan verla...
Siento la ausencia física de tu compañera mas ella esta en el paisaje, en el mar cuyas olas se parecen a los árboles, en ese íntimo Azul que para mí se parece tanto a la ternura y a la lejanía, en el cielo y el mar que están como su esencia...
Mis felicitaciones por esta narrativa profundamente hermosa, has vuelto con tu universo de letras a dejarnos tus palabras que engrandecen estos espacios poéticos.
Te dejo mi cariño grande, mi querido amigo.
Ana

Ana, amiga inapreciable, incondicional, maravillosa Ana, maestra... Qué formidable bienvenida me das. Qué hermoso comentario le regalas a mis humildes letras. Siempre pero siempre, leo y releo tus comentarios como poemas en sí mismos. Siento tu cariño de siempre cerca mío. Siento tu aliento y tu consejo. Y estoy orgulloso de ser tu amigo. Abrazos infinitos. Daniel
 
Hoy recordé los años de la infancia. (¿Te acordás de nuestro juego preferido?)
Nos parábamos bajo los árboles, inmóviles y con los brazos pegados al cuerpo invocábamos al viento para que moviera las hojas y las hiciera caer sobre nosotros.
A veces caía alguna de dos colores: roja y verde. Y bastaba que apenas nos rozara el cuerpo para que creyéramos que se trataba de un alma que buscaba encarnarse, una palabra que había estado pensando en nosotros desde antes de que llegáramos al mundo y nos estaba eligiendo en ese instante, a vos y a mí, para hacerla nacer, para decirla.
Hoja tras hoja fueron cayendo a partir de aquél juego y así vinieron los poemas, (los poemas se parecen tanto a los hijos).
Pasaron muchas mañanas y muchas tardes con sus noches desde entonces pero todavía sos rojaverde como aquellas hojas
y sabés desprenderte y volar y rozarme, (aunque terminés en el suelo).
Y no sólo caés desde los árboles, ahora sos una mujer y aprendiste a arrojarte desde los picos de las montañas como las avalanchas de nieve o los ríos de deshielo.

Tuve que aprender a expandirme
para poder recibirte
aprender a escucharte venir hacia mí
en el azul de tu silencio previo
aprender a sorprenderme, nutrirme de ese riego
y compartir el palpitar de la madera
dejarme preñar por la madurez de tu furia
y tu inocencia viajera
recién entonces pude engendrar
las palabras que siempre susurraste

Algunas veces viene el mar a visitarme -no sé de dónde- aparece donde sólo había tierra desierta
(el mar se parece tanto a los árboles).
Se planta frente a mí. En el preciso lugar donde mis manos comprenden tu lenguaje.
Yo suelo preguntarme de qué color es el mar cuando no está. (¿De qué color son la m, la a y la r?)
Dicen que son azules -siempre azules-
Y aunque el mar sea marrón o negro o rojoverde como vos, detrás -íntimo- es azul.

Y yo lo imagino Azul como la base de un témpano.
Frío
Tanto que se parece al cielo.
Cielomar


A veces, vos y el cielo
se parecen al mar



El mar se parece tanto a ti, desbordado, azulino, juguetón, las olas se parecen tanto a ti, que me inventan que siempre estás cerca, los cometas se parecen tanto a ti, que el arco iris siente celos de esas alas que te traen de regreso.

Maravillosa caída de las hojas, que resuenan al pisarlas como si se oyera tu dulce voz, qué bellesa poder volver a disfrutar de tu poesía, debe ser que el viejito pascuero se dio cuenta que siempre eres necesario aquí donde sea eres necesario.
Yo feliz de tener mis 5 sentidos muy despiertos y agradecida eternamente de que la vida me permita leerte otra ves .
te adoro desde mi orilla marina,todos los abrazos de mi mundo para ti.
Naty.

 
Cuando vienes...
todo huele a tierra
y las luces
-todas- se encienden
se anuncia
el rayo encabritado
y hace ritual de viento
vienen tus palabras a danzar
en mi ventana de mar,
despeñados ojos y cascada
que sólo aprendieron a alzar vuelo

Cuando el cielo viene…
cierro las puertas
y enciendo el fuego


Después crece la hierba…

Gracias por permitir
desbordar mis letras
en tu narrativa poética
Daniel.

Besos,aplausos y estrellas
:)
 
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