ropittella
Poeta veterana en el Portal
Antes de morir,
y conjugar el verbo en los gusanos de esta tierra,
antes de pasar, inusitadamente despierta
vaya Dios a saber a qué planeta,
que quizás sea solo de agua de lluvia, o una sola sierra.
Antes de volver a soñar que soy,
cuando allí me encuentren otra vez tus ojos
y nos den permiso para los nuevos abrazos,
y se cumplan los designios de amanecer entre tus brazos
y no haya parte de mi piel que no se rinda a tus antojos.
Aunque sea uno solo, aunque dure un ínfimo,
que es menos que un segundo, y me abandonas
y te abandono, y volvemos a ser aquellos niños,
puros y abiertos que se regalaban cajas musicales y despertadores
a mis quince, a tus dieciocho, y los valses que bailamos
y la admiración que en todos despertamos,
y la admiración al admirarnos.
Las locuras, caminar tú de traje, yo de largo,
por las calles centrales de un pueblo chico
y sentarnos como artistas a tomar un helado,
y las miradas asombradas y nuestro desparpajo
gozoso de adolescentes enamorados.
Mirarnos y reír, reír sin mirarnos
porque nos leíamos el pensamiento,
desde los doce años,
las intensiones y las intensidades...
Y la paciencia de soportarnos vicios y pecados.
Y te extraño tanto, te lloro a diario,
y sé que no debo, y sé que suena extraño
a quienes me ven y tal vez crean que me hace daño
¿Cómo viviría sin eso? ¿cómo te cumpliría la promesa?
Si lo intenté por tantos caminos mi amor, mi único amado,
y antes de morir, un rato antes, descubrí
que solo tu recuerdo me hace feliz.
¿Quién podrá entender la fe de mis recuerdos?
¿Quién descubrirá mi nunca más poder amar así?
Solo Dios sabe cuánto te amo.
Estoy ocupada por ti, me habitas, me haces el amor todos los días,
y antes de morir ansío, allanar cada sentido de la vida,
vivir, como tú querías, libre, nunca sola, como me amabas,
feliz y decidida, rebelde para cada cadena,
de pie frente a cada injusticia, celosa de mi amor y mi alegría.
y conjugar el verbo en los gusanos de esta tierra,
antes de pasar, inusitadamente despierta
vaya Dios a saber a qué planeta,
que quizás sea solo de agua de lluvia, o una sola sierra.
Antes de volver a soñar que soy,
cuando allí me encuentren otra vez tus ojos
y nos den permiso para los nuevos abrazos,
y se cumplan los designios de amanecer entre tus brazos
y no haya parte de mi piel que no se rinda a tus antojos.
Aunque sea uno solo, aunque dure un ínfimo,
que es menos que un segundo, y me abandonas
y te abandono, y volvemos a ser aquellos niños,
puros y abiertos que se regalaban cajas musicales y despertadores
a mis quince, a tus dieciocho, y los valses que bailamos
y la admiración que en todos despertamos,
y la admiración al admirarnos.
Las locuras, caminar tú de traje, yo de largo,
por las calles centrales de un pueblo chico
y sentarnos como artistas a tomar un helado,
y las miradas asombradas y nuestro desparpajo
gozoso de adolescentes enamorados.
Mirarnos y reír, reír sin mirarnos
porque nos leíamos el pensamiento,
desde los doce años,
las intensiones y las intensidades...
Y la paciencia de soportarnos vicios y pecados.
Y te extraño tanto, te lloro a diario,
y sé que no debo, y sé que suena extraño
a quienes me ven y tal vez crean que me hace daño
¿Cómo viviría sin eso? ¿cómo te cumpliría la promesa?
Si lo intenté por tantos caminos mi amor, mi único amado,
y antes de morir, un rato antes, descubrí
que solo tu recuerdo me hace feliz.
¿Quién podrá entender la fe de mis recuerdos?
¿Quién descubrirá mi nunca más poder amar así?
Solo Dios sabe cuánto te amo.
Estoy ocupada por ti, me habitas, me haces el amor todos los días,
y antes de morir ansío, allanar cada sentido de la vida,
vivir, como tú querías, libre, nunca sola, como me amabas,
feliz y decidida, rebelde para cada cadena,
de pie frente a cada injusticia, celosa de mi amor y mi alegría.
Última edición: