Las mismas emociones que son un recodo
de las memorias restringidas por efecto,
son las que mienten con lo perfecto
en un espejismo que ya encontró el modo.
Es la falacia beligerante y manifiesta
que nos arranca un suspiro
queriendo embalsamar en papiro
la pregunta y la respuesta.
Unos ojos centelleantes
que proponen una alternativa
y darán a los huesos nueva vida
al encuentro de dos amantes.