Francisco Lechuga Mejia
Poeta que no puede vivir sin el portal
Creo que alguna vez pensó que mis palabras durarían más que el sentimiento eterno que se escurría de nuestros labios como miel cuando nos besábamos en el quicio de la puerta, y como agua por los ojos después de despedirnos. Tal vez si creyó que lo mío no era más de lo mismo, frases huecas, clichés usados a la fuerza, versos de utilería leídos en defensa propia.
Soy una persona simple, así que nunca quise convencerle de que lo mío le duraría hasta que mis dedos se cayeran de mis manos como hojas de otoño, hasta que su piel fuera parte de la nieve del invierno, hasta que uno de los dos se adelantara a allanarle el viaje sin regreso al otro.
Quizás por eso tomó el camino largo a mis brazos, a lo mejor se fue para aprender lo que se siente ser protagonista del olvido de otros besos, de otras pieles, de otros cuerpos.
En una ocasión me dijo que la forma en que le miraba al decirle que jamás dejaría de adorarle le parecía cosa de película de miedo, lo dijo como tantas otras cosas que decía y que después para los dos eran motivos de risa que nos hacía perder el aliento.
No lo sé, tal vez se haya ido para probar que la verdad de mis palabras no duraría viva más de tres o cuatro años.
Hace un par de días me habló por teléfono y antes de que la felicidad anidada en mi garganta pudiera despertar y levantara las comisura de mis labios, disparó a mansalva; oye dame más tiempo, por favor ya no vengas a mis sueños, quiero soñar que me caigo a un pozo sin fin, o que me persigue toda la noche una sombra, tal vez que me traga una bestia marina, o despertar... sí, despertar con dolor de rodillas y no recordar nada, pero no puedo, en cada siesta, en cada cerrar los parpados me miro a tu lado en la frontera que ni te pertenece ni es mía, en el filo de la vida y las sombras y me siento tan feliz que no puedo extrañarte, me da miedo regresar porque siento que lo nuestro es solo un sueño.
Quedé mudo, no supe que decir y sin emitir ni una palabra suspire, colgué el auricular, y de nuevo me senté a esperar.
Due 17.11.12 en una tarde esperando a que se haga de noche para ir a su lado al refugio de los sueños.
Nota 1. El alzhéimer debería atacar al corazón.
Nota 2.
-Ay, suegra. Le quedó muy rica.
-La cena la preparé con mucho cariño
-Me refería a su hija. Está bien sabrosa.
Nota 3. Windows Live Messenger Desaparecerá . Creo es mi culpa por no reenviar la cadena de Hotmail que me llegó en 2008. Tsst
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