266. Por tierras de Lugo.
La noche despertaba
cubierta de luceros y de luna.
¡Qué hermosa derramaba
sus perlas de fortuna
la reina de la noche en la laguna!
Las aguas devolvían
espejos de azabaches y brillantes
que mucho refulgían
traviesos como infantes
alegres, juguetones, rutilantes.
Mi mente divagaba
tratando de impregnarse de hermosura.
El cielo escudriñaba
con plácida ternura
gozando del sentir de un alma pura.
Atrás dejé caminos,
y bosques, y poblados, y montañas
con prímulas y endrinos,
y campos de espadañas,
y ciénagas incómodas y hurañas.
El tiempo discurría
despacio, silencioso y placentero.
Comienza un nuevo día,
regreso hasta el sendero
y escucho el bello canto del jilguero.
Mirando al horizonte
las nieblas matinales son de seda
y suben desde el monte
ciñendo la arboleda.
¡Es poco ya el camino que me queda!
xxx
Churrete