​292. Un día cualquiera
El alba despuntaba con tintes de alegría
tiñendo de topacios el sol que amanecía.
Los mirlos engalanan sus plumas y sus trinos
que brillan con colores de luto y de alborada.
La vida se despierta con sueño y despeinada
sumida en la penumbra de tonos ambarinos.
Clemátides y rosas perladas de rocío
despliegan delicadas su porte y señorío.
Las aguas en el río se vuelven como locas.
Son truchas y salmones buscando su comida:
remontan la corriente que viene muy crecida
y saltan sus cabriolas, mortíferas, barrocas.
La nutria descarada se burla del castor
que sigue construyendo su dique salvador.
El sol está en su cénit y el tiempo se remansa.
¿Será que se prepara pendiente del ocaso?
Y el sol, que ya declina, de fuerzas algo escaso,
despide con magentas al día que descansa.
xxx
Churrete