Jaime Araos
Poeta veterano/a en el portal
CANTO
Tu novedad
es un viaje
de tu frontera
a la mía,
una próxima
estación,
un minuto
dilatado,
una blanca
coraza
en la que
ambos
cabemos;
una vía
enrielada
de tu boca
a mi boca;
un murmullo
atrapado,
una altiva
cordillera,
algo más
que un bocado
de tu imagen
de mirra.
Tu novedad
yo la traigo
como la proa,
cautiva,
como el aroma
almendrado
en que tu pelo
ondea.
¿Cómo es
que llegas,
novedad
ya dormida,
desde el alba
a la noche?
Te repliegas
callada
sobre las olas
y bailas;
bajo tus pies
es zafiro
la ciudadela
de la luna.
Pero tú,
siempre despierta,
eres el abanico
de las horas
infinitas:
eres,
entera,
la levedad
de las estrellas
que hilaste.
Tu novedad
es un viaje
de tu frontera
a la mía,
una próxima
estación,
un minuto
dilatado,
una blanca
coraza
en la que
ambos
cabemos;
una vía
enrielada
de tu boca
a mi boca;
un murmullo
atrapado,
una altiva
cordillera,
algo más
que un bocado
de tu imagen
de mirra.
Tu novedad
yo la traigo
como la proa,
cautiva,
como el aroma
almendrado
en que tu pelo
ondea.
¿Cómo es
que llegas,
novedad
ya dormida,
desde el alba
a la noche?
Te repliegas
callada
sobre las olas
y bailas;
bajo tus pies
es zafiro
la ciudadela
de la luna.
Pero tú,
siempre despierta,
eres el abanico
de las horas
infinitas:
eres,
entera,
la levedad
de las estrellas
que hilaste.