Vi pasar un abuelo, pero me vi yo mismo,
de fracasos y angustias, envuelta la mirada.
Entre nuestras edades, casi había un abismo
pero eramos iguales. No teníamos nada.
Me miró y lo mirè. Yo de abajo, el de arriba
-para qué tanto, hijo- parece que dijera.
-si al fin yo soy un barco, que la ola derriba,
y tu solo una flor, buscando primavera-.
Espalda con espalda, nos separó el destino
solos como dos pájaros, a los que encerró el cielo.
Para qué tanto, me dije, si al final del camino
el tendrá adentro un niño...como hoy yo, un abuelo.
Marino Fabianesi
de fracasos y angustias, envuelta la mirada.
Entre nuestras edades, casi había un abismo
pero eramos iguales. No teníamos nada.
Me miró y lo mirè. Yo de abajo, el de arriba
-para qué tanto, hijo- parece que dijera.
-si al fin yo soy un barco, que la ola derriba,
y tu solo una flor, buscando primavera-.
Espalda con espalda, nos separó el destino
solos como dos pájaros, a los que encerró el cielo.
Para qué tanto, me dije, si al final del camino
el tendrá adentro un niño...como hoy yo, un abuelo.
Marino Fabianesi
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