GLAVIANA
Poeta que considera el portal su segunda casa
Agoniza la noche
mi piel que te siente
te ansía vehemente
¡te elige!, ¡ven a mí!
asómate desde tus entrañas.
Deja a tu nostalgia
escurrirse desde tu corazón
suéltale la mano
arrójale por el despeñadero
para emprender desde ti
un vuelo nuevo.
Emerge desde la monotonía
que, huérfana de caricias,
vive a la sombra
de un "te amo"
que yace bajo lápida
de mármol desolado
por la indiferencia sufrida.
¡Mírate! eres luz
que mi alma embriaga.
¡El tiempo, juez implacable,
marca campanadas
de lo que jamás volverá!
deja de aguardar la nada...
¡Ven a mí!
No te desvanezcas
sin estar en donde sí
eres grito desvelado
anhelo vehemente
de un alma a la que provocas,
la despiertas del letargo
y haces vibrar...
¡Eres razón de mi ser!
¡Ven a mí!
mi piel que te siente
te ansía vehemente
¡te elige!, ¡ven a mí!
asómate desde tus entrañas.
Deja a tu nostalgia
escurrirse desde tu corazón
suéltale la mano
arrójale por el despeñadero
para emprender desde ti
un vuelo nuevo.
Emerge desde la monotonía
que, huérfana de caricias,
vive a la sombra
de un "te amo"
que yace bajo lápida
de mármol desolado
por la indiferencia sufrida.
¡Mírate! eres luz
que mi alma embriaga.
¡El tiempo, juez implacable,
marca campanadas
de lo que jamás volverá!
deja de aguardar la nada...
¡Ven a mí!
No te desvanezcas
sin estar en donde sí
eres grito desvelado
anhelo vehemente
de un alma a la que provocas,
la despiertas del letargo
y haces vibrar...
¡Eres razón de mi ser!
¡Ven a mí!
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