Enojo, me consume, escapa a mi control, me nubla, me trasciende, ¿dónde quedaron las sonrisas y los buenos días? ¿Quién trajo la peste nauseabunda a nuestro manjar de aromas puros? ¿Quién apuñalo nuestro corazón y lo dejo desangrarse? Así, sin más.
No hay salida, la verdad se ha distorsionado, la realidad ya no es. Blasfemia surge de mí, me vacía de otras emociones. Mi mano tiembla, no es sudor, mis ojos palpitan, no es mi corazón. ¿Y ahora qué? Pregunto yo. ¿Qué hay después? ¿La marea bajara alguna vez? Yo, no lo sé. Aquel galopa a lo lejos, resuena como un corcel nórdico. El desierto es mi boca, acaba con las bondades, cruel verdugo, no perdonara mis palabras nobles. Y estas líneas no calman, avivan el fuego que consume la razón. Deberé callar, no seguir por el camino de la desesperación. Estas líneas, sin revisiones, sin pies ni cabeza, serán el réquiem de mi furia, y fiel reflejo de ella. Sin sentido, sin alma, sin razón. Solo es, y será, aunque espero no sea.
No hay salida, la verdad se ha distorsionado, la realidad ya no es. Blasfemia surge de mí, me vacía de otras emociones. Mi mano tiembla, no es sudor, mis ojos palpitan, no es mi corazón. ¿Y ahora qué? Pregunto yo. ¿Qué hay después? ¿La marea bajara alguna vez? Yo, no lo sé. Aquel galopa a lo lejos, resuena como un corcel nórdico. El desierto es mi boca, acaba con las bondades, cruel verdugo, no perdonara mis palabras nobles. Y estas líneas no calman, avivan el fuego que consume la razón. Deberé callar, no seguir por el camino de la desesperación. Estas líneas, sin revisiones, sin pies ni cabeza, serán el réquiem de mi furia, y fiel reflejo de ella. Sin sentido, sin alma, sin razón. Solo es, y será, aunque espero no sea.