Alonso Vicent
Poeta veterano en el portal
Hoy quiero dedicarle a mi morada el verso,
a sus muros de piedra, sus techos de cañizo,
sus vigas de madera, su sótano plomizo
húmedo en sus cimientos, escondido e inmerso.
No me asustan las almas que viven en su anverso;
fue cementerio el patio, muerto queda el hechizo
de enterrados sin vida: caballero, mestizo,
cristiano arrepentido o judío converso.
La iglesia, con su torre, vigila nuestro espacio
abriendo dos ventanas, cerradas por los años,
que no saben del mundo, que ignoran sus engaños.
Mi casa es mi refugio, que no es ningún palacio,
y se llena a menudo de seres muy extraños
que piensan que a mi hogar le faltan cuatro apaños.
a sus muros de piedra, sus techos de cañizo,
sus vigas de madera, su sótano plomizo
húmedo en sus cimientos, escondido e inmerso.
No me asustan las almas que viven en su anverso;
fue cementerio el patio, muerto queda el hechizo
de enterrados sin vida: caballero, mestizo,
cristiano arrepentido o judío converso.
La iglesia, con su torre, vigila nuestro espacio
abriendo dos ventanas, cerradas por los años,
que no saben del mundo, que ignoran sus engaños.
Mi casa es mi refugio, que no es ningún palacio,
y se llena a menudo de seres muy extraños
que piensan que a mi hogar le faltan cuatro apaños.