Amigo
A Jaime Broker
¿Te acuerdas cuando jugábamos bajo la lluvia
corriendo ramitas en los causes de agua
que se formaban al nudo de la banqueta?
¿De aquellas tardes en que la gran calle era sólo para nosotros
salvo cuando, a las quinientas, pasaba algún coche?
¿O del monte que crecía a nuestros pies como una selva llena de posibilidades y aventuras?
Aquellos días en los que el tiempo de la infancia se evaporaba en nuestras breves manos sin que supiéramos que debíamos preocuparnos por el futuro, como todos lo hacen.
Yo a veces lo recuerdo y sólo así te vuelvo a ver.
Sólo así logro regresar a esa calle ahora tan pequeña, a ese monte ahora tan desolado, a esos días de lluvia que hoy sorteo con sombrilla.
Creo que eso es crecer. Ser niño significa recibir la lluvia con la cara al cielo, los brazos extendidos y la sonrisa dibujada en media luna;
crecer es recibir con tedio la tormenta,
lamentando no haber viajado con sombrilla.
Y es así como te vuelvo a ver, con tu cara de niño que es con la que te traigo a mis pensamientos.
Estrecho tu mano y de vez en cuando, bajo la lluvia, remembramos juntos nuestro pasado
Platicamos también del futuro,
que finalmente nos alcanzó.
A Jaime Broker
¿Te acuerdas cuando jugábamos bajo la lluvia
corriendo ramitas en los causes de agua
que se formaban al nudo de la banqueta?
¿De aquellas tardes en que la gran calle era sólo para nosotros
salvo cuando, a las quinientas, pasaba algún coche?
¿O del monte que crecía a nuestros pies como una selva llena de posibilidades y aventuras?
Aquellos días en los que el tiempo de la infancia se evaporaba en nuestras breves manos sin que supiéramos que debíamos preocuparnos por el futuro, como todos lo hacen.
Yo a veces lo recuerdo y sólo así te vuelvo a ver.
Sólo así logro regresar a esa calle ahora tan pequeña, a ese monte ahora tan desolado, a esos días de lluvia que hoy sorteo con sombrilla.
Creo que eso es crecer. Ser niño significa recibir la lluvia con la cara al cielo, los brazos extendidos y la sonrisa dibujada en media luna;
crecer es recibir con tedio la tormenta,
lamentando no haber viajado con sombrilla.
Y es así como te vuelvo a ver, con tu cara de niño que es con la que te traigo a mis pensamientos.
Estrecho tu mano y de vez en cuando, bajo la lluvia, remembramos juntos nuestro pasado
Platicamos también del futuro,
que finalmente nos alcanzó.