Podría decir… ¿A quién le importa?
Lo que pudiera explicar, desde el fondo de las entrañas será, a fin decuentas, madera de cerilla; pábilo de vela o simplemente mensaje en la arena.
Será en su momento, una frase, un latido… algo plasmado desde el fondo del alma, que con sus recovecos y veredas, pugnará por dejar patente de su efímera existencia.
Y sin embargo… hay tanto por decir… tanto que aún me queda… que se acabará el aliento y se detendrá mi sangre antes de dejar la constancia necesaria de una idea. De ese concepto y pedazo de eternidad que cada ser tiene.
Podría decir… ¿A quién le importa lo que pueda decir?
Cual mensaje en galleta de la fortuna, todas las palabras llegarán a su propia cita con el destino, estrellándose contra las verdades que estropean los anhelos ante lo tangible.
Las ilusiones, las quimeras… todo está entre los almidones de los sueños y caricias primeras; estrechándose milímetro a milímetro apretando un cuello que ya se ha declarado incompetente para conducir la próxima bocanada de aire.
¿Podría decir?... Sí.
Si puedo elegir, puedo labrar mi propio epitafio para dejar una patente… una idea. Tal vez una constancia perpetua.
La piedra diría “Este tipo pensaba que su vida era solo una idea”
Lo que pudiera explicar, desde el fondo de las entrañas será, a fin decuentas, madera de cerilla; pábilo de vela o simplemente mensaje en la arena.
Será en su momento, una frase, un latido… algo plasmado desde el fondo del alma, que con sus recovecos y veredas, pugnará por dejar patente de su efímera existencia.
Y sin embargo… hay tanto por decir… tanto que aún me queda… que se acabará el aliento y se detendrá mi sangre antes de dejar la constancia necesaria de una idea. De ese concepto y pedazo de eternidad que cada ser tiene.
Podría decir… ¿A quién le importa lo que pueda decir?
Cual mensaje en galleta de la fortuna, todas las palabras llegarán a su propia cita con el destino, estrellándose contra las verdades que estropean los anhelos ante lo tangible.
Las ilusiones, las quimeras… todo está entre los almidones de los sueños y caricias primeras; estrechándose milímetro a milímetro apretando un cuello que ya se ha declarado incompetente para conducir la próxima bocanada de aire.
¿Podría decir?... Sí.
Si puedo elegir, puedo labrar mi propio epitafio para dejar una patente… una idea. Tal vez una constancia perpetua.
La piedra diría “Este tipo pensaba que su vida era solo una idea”
Última edición: