Eban Fems Cid
Poeta fiel al portal
El día nacía furioso pintado de rubí en llamas,
me llamaba el canto de lo nuevo, de la esperanza,
entonces embelesado con las palabras que escurrían
graciosas por la montaña de sus matices delineados,
me entregué a la creencia, era el inicio de mis delicias.
Un disparo me anunció el medio día ya soberano
del tiempo, de las cosechas, de pagar tanta belleza,
era día rico en sabores, en alegrías y catas,
pero el sol cuanto más alto , las sombras más largas
y ese disparo en mis entrañas despertó mis añoranzas.
Uno más, directo a la garganta, cortando mis cuerdas
las que amarraban mis palabras, esas que duelen
aquellas que suelen decirse tarde, las dije las tres y pasada
el día se calentó porque en la tierra las luces rebotaban
y ahí salieron las verdades de la bala en mi boca alojada.
El último fue al pecho, digno de un tirador veterano,
era un dolor que llegaba con sonido a promesas atoradas,
la noche llegaba, el viento silbaba, se sentía el frío que calaba
ya no había nada nuevo, sin palabras, sin esperanzas
las cicatrices ahí estaban , en mi garganta, en mis manos,
pero el último me dio el golpe de gracia, la noche en una bala.
me llamaba el canto de lo nuevo, de la esperanza,
entonces embelesado con las palabras que escurrían
graciosas por la montaña de sus matices delineados,
me entregué a la creencia, era el inicio de mis delicias.
Un disparo me anunció el medio día ya soberano
del tiempo, de las cosechas, de pagar tanta belleza,
era día rico en sabores, en alegrías y catas,
pero el sol cuanto más alto , las sombras más largas
y ese disparo en mis entrañas despertó mis añoranzas.
Uno más, directo a la garganta, cortando mis cuerdas
las que amarraban mis palabras, esas que duelen
aquellas que suelen decirse tarde, las dije las tres y pasada
el día se calentó porque en la tierra las luces rebotaban
y ahí salieron las verdades de la bala en mi boca alojada.
El último fue al pecho, digno de un tirador veterano,
era un dolor que llegaba con sonido a promesas atoradas,
la noche llegaba, el viento silbaba, se sentía el frío que calaba
ya no había nada nuevo, sin palabras, sin esperanzas
las cicatrices ahí estaban , en mi garganta, en mis manos,
pero el último me dio el golpe de gracia, la noche en una bala.
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