yomboki
Poeta que considera el portal su segunda casa
Concédeme un recuerdo cuando tus cuarenta y muchos
te pidan rebelión,
cuando el neón de tus pupilas se encuentre desgastado
y tus pechos de luna carguen con las piedras de los años.
Recuérdame de buena forma
cuando tu encanto de chiquilla haga bulto en la basura,
cuando los arietes mensuales empiecen a menguar
y muchos despistados se hayan ido;
entonces deja un sitio para mi en tu entrepierna
y busca en un teléfono desgastado alguna huella.
Cuando el charol de tu pelo tenga la harina del tiempo y de su pan
juega a recordar versos podridos, antiguas cartas;
si haces el intento veras
que cualquier canción te sirve de boleto,
para el recuerdo cualquier tren es apto,
ruinoso y de peaje barato
que atropella en el tropel de antiguas fotos
y palabras caducadas,
las horas que quedaron en tus dedos cuando, con desgano,
mis días acariciabas.
Acuérdate de mi cuando la sangre pierda su tino y su lujuria
y llegue el tiempo de charlar con las ropas en su sitio,
cuando el vino que añejamos nos haya hecho el daño no pensado
y las circunstancias caciques nos estropeen el alma y el calzado;
cuando al cambiar de acera te atropellen los dardos de la angustia
y veas en las vitrinas un cuerpo de vinagre que no te pertenece
y por culpa de los calendarios aborrezcas los espejos y los kilos de mas.
Cuando los herpes de la culpa no sean disimulables,
cuando las sonrisas tengan un cuño mas alto y vuelvas del paseo
donde perdí tu mano,
acuérdate de mi si no tienes nada mejor que recordar.
Yo sigo sentado a la vera de tu Alzhéimer envuelto en frazadas de ceniza,
con una flor marchita,
para cuando tus desgastes
te empujen hacia mi.
Estos versos pueden no ser verdad.
te pidan rebelión,
cuando el neón de tus pupilas se encuentre desgastado
y tus pechos de luna carguen con las piedras de los años.
Recuérdame de buena forma
cuando tu encanto de chiquilla haga bulto en la basura,
cuando los arietes mensuales empiecen a menguar
y muchos despistados se hayan ido;
entonces deja un sitio para mi en tu entrepierna
y busca en un teléfono desgastado alguna huella.
Cuando el charol de tu pelo tenga la harina del tiempo y de su pan
juega a recordar versos podridos, antiguas cartas;
si haces el intento veras
que cualquier canción te sirve de boleto,
para el recuerdo cualquier tren es apto,
ruinoso y de peaje barato
que atropella en el tropel de antiguas fotos
y palabras caducadas,
las horas que quedaron en tus dedos cuando, con desgano,
mis días acariciabas.
Acuérdate de mi cuando la sangre pierda su tino y su lujuria
y llegue el tiempo de charlar con las ropas en su sitio,
cuando el vino que añejamos nos haya hecho el daño no pensado
y las circunstancias caciques nos estropeen el alma y el calzado;
cuando al cambiar de acera te atropellen los dardos de la angustia
y veas en las vitrinas un cuerpo de vinagre que no te pertenece
y por culpa de los calendarios aborrezcas los espejos y los kilos de mas.
Cuando los herpes de la culpa no sean disimulables,
cuando las sonrisas tengan un cuño mas alto y vuelvas del paseo
donde perdí tu mano,
acuérdate de mi si no tienes nada mejor que recordar.
Yo sigo sentado a la vera de tu Alzhéimer envuelto en frazadas de ceniza,
con una flor marchita,
para cuando tus desgastes
te empujen hacia mi.
Estos versos pueden no ser verdad.