Juno
Poeta que considera el portal su segunda casa

No tuvo temple el verso
que a renglón seguido,
dejó suicida un pensamiento
en la cornisa de mis ojos,
ni aquel fragor hiriente
que al fracaso tornó en victoria,
blandiendo descarnado
lagrimales de intensa lluvia.
Ebria de sed el alma
bebió la hiel de aquella fuente,
ardió en palabras,
quemó sus alas,
buscó cobijo
y en la nada,
de esa sórdida albaquía,
descubrió viperina
la lengua de su conciencia.
Y entonces,
apalabró silencios el latido,
alongando en la memoria
un paupérrimo gemir de caracolas
encallado en las arenas...
Y al fin,
sólo fue rumor ,
diluyéndose en tu orilla.