Roman Vieira
El cuervo rojo que te observa en silencio.
Lucrecia.
Surgieron, de mi pecho y recovecos,
las ganas de un soneto hacerte en suma,
fresco, como la brisa que hoy perfuma
de lirios a los campos más resecos.
Fueron entonces mis intentos huecos
la cruenta lucha en vano con mi pluma.
-Tus ojos... ¿densos tanto como bruma?-
Gritaron "no" a la vez todos mis ecos.
Y de mis blancas manos escaparon
(y por la fina punta de mi pluma),
los bocetos, el amor y otros trazos.
-Sus ojos, que tan tiernos me miraron,
suaves eran como en el mar la espuma.
Suaves, como el amor entre sus brazos.
-Lucrecia-
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