Mary C. López
Una mujer de líneas y procesos.
A los límites del placer.
Anoche al apagar la luz, y quedar de frente a ti
me mire en tus ojos resbale despacio,
con beneplácito bese tus labios hasta tu tórax con lentitud,
saboreando cada centímetro de tu piel,
mis manos recorrieron a la par tus zonas volcánicas;
encendí tu epicentro, era de notarlo
al roce de mi vientre con tu ascenso;
huyó el pudor, se alejó de mi
y las ráfagas de este viento candente que despiertas,
te abrazaron todo con loca intensidad;
respondiste con esa furia volcánica que posee tu ser;
no había forma de retroceder
y ¿quién pensaba ya en eso?
Solo deseamos eternizar el momento.
Sentirnos así, húmedos y jadeantes, deseosos
por invadirnos enteramente;
tú por penetrar mis grutas con furia,
yo por inundarme toda de tus ganas,
y al final bañarnos de ardientes lavas;
fue glorioso el momento,
te sentí naturaleza erguida,
deseo quemante que me hizo gritar con delicia,
gritar con ansiedad, con gritos agudos y escandalosos a la vez,
me llevaste a los limites del placer, complacida, entregada,
después de múltiples estallidos.
Solo en ese silencio momentáneo
reconociéndonos a los ojos como dos hogueras cohabitando
te di un beso largo, largo y profundo...
después de eso no podía evitar desear complacerte yo.
Aún es corta la noche dije,
aun quedaban horas y aun estamos ahí abrazados, deseándonos,
en susurro te llame, diciendo: Ven, acércate más, déjame sentirte
y volver a empezar, aún no acaba nuestro tiempo.
A los que observan tras la ventana,
shsst sean discretos
no cuenten esto que pasa aquí,
no despierten a los dormidos,
el tiempo es tan etéreo y el cuerpo tan, tan débil.
¿Me comprenden? Yo se que sí.
Mary C. López.
25.10.2009/Méx
Última edición: