Ricardo José Lascano
Poeta que considera el portal su segunda casa
Levantó su calma la insular neblina.
El celeste párpado amanecido de la soledad
endureció su ira en el horizonte herido
y lo atravesó con hondos pájaros de fuego
y la tierra toda, toda fue testigo y su dolor
de madre buscó su fondo tembloroso
cobijando al infante a su raíz soberana.
Ahí van los jóvenes que no pudieron
advertir el lazo amargo de la historia,
ahí van los combatientes, por ahí pasaron
hermanando la bandera de la libertad infinita.
Por las aguas sombrías del hielo van.
Por el cielo herido en su latido van.
Son los jóvenes Argentinos de la patria unida
los jóvenes del puerto de la isla soledad
los que se quedaron en la tierra, de la amada libertad.
El celeste párpado amanecido de la soledad
endureció su ira en el horizonte herido
y lo atravesó con hondos pájaros de fuego
y la tierra toda, toda fue testigo y su dolor
de madre buscó su fondo tembloroso
cobijando al infante a su raíz soberana.
Ahí van los jóvenes que no pudieron
advertir el lazo amargo de la historia,
ahí van los combatientes, por ahí pasaron
hermanando la bandera de la libertad infinita.
Por las aguas sombrías del hielo van.
Por el cielo herido en su latido van.
Son los jóvenes Argentinos de la patria unida
los jóvenes del puerto de la isla soledad
los que se quedaron en la tierra, de la amada libertad.
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