La llamada de teléfono

pablo7972

Poeta que considera el portal su segunda casa
Alcancé a descolgar el auricular del teléfono. Todo para evitar que la paz se turbase en aquella soleada mañana de abril.

Vigilaba el vetusto brazo del roble; aquel que hacía fuerza para abrir la vidriera desde su mazmorra, en el cansino parque de mi residencia.

La metálica voz al otro lado del hilo se distorsionaba:

-¡Juan, Juan, es muy urgente! Acabo de enterarme de que Pedro está en trance de muerte...

Tras rodar por el suelo a mis pies el aparato, la guía de teléfonos y, al cabo, también el auricular, todo aquel enjambre de tecnología punta regresó a su posición habitual con la ayuda de mi siniestra.

Observando durante largos segundos su negra faz de plástico endurecido, me hago preguntas. Me invento respuestas. Las baldosas parecen más frías que de costumbre, mientras el arcaico teléfono sigue marcando ahora la rueda del silencio, una y otra vez.

Durante un minuto. Casi...

Y de nuevo, sonó el eco de su timbre en la habitación. Hasta morir.
 
Última edición por un moderador:
Alcancé a descolgar el auricular del teléfono. Todo para evitar que la paz se turbase en aquella soleada mañana de abril.

Vigilaba el vetusto brazo del roble; aquél que hacía fuerza para abrir la vidriera desde su mazmorra, en el cansino parque de mi residencia.

La metálica voz al otro lado del hilo se distorsionaba:

-¡Juan, Juan, es muy urgente! Acabo de enterarme de que Pedro está en trance de muerte...

Tras rodar por el suelo a mis pies el aparato, la guía de teléfonos y, al cabo, también el auricular, todo aquel enjambre de tecnología punta regresó a su posición habitual con la ayuda de mi siniestra.

Observando durante largos segundos su negra faz de plástico endurecido, me hago preguntas. Me invento respuestas. Las baldosas parecen más frías que de costumbre, mientras el arcaico teléfono sigue marcando ahora la rueda del silencio, una y otra vez.

Durante un minuto. Casi...

Y de nuevo, sonó el eco de su timbre en la habitación. Hasta morir.

mortal es como quedar atrapado, a su voz. grato leerte besos
 
Interesante relato, un placer el leerte.


Los demostrativos:este,ese,aquel, se le aplica la misma norma que al adverbio solo: no se deben escribir con tilde, ni en casos de ambigüedad

Abrazos fraternos


Alcancé a descolgar el auricular del teléfono. Todo para evitar que la paz se turbase en aquella soleada mañana de abril.

Vigilaba el vetusto brazo del roble; aquél que hacía fuerza para abrir la vidriera desde su mazmorra, en el cansino parque de mi residencia.

La metálica voz al otro lado del hilo se distorsionaba:

-¡Juan, Juan, es muy urgente! Acabo de enterarme de que Pedro está en trance de muerte...

Tras rodar por el suelo a mis pies el aparato, la guía de teléfonos y, al cabo, también el auricular, todo aquel enjambre de tecnología punta regresó a su posición habitual con la ayuda de mi siniestra.

Observando durante largos segundos su negra faz de plástico endurecido, me hago preguntas. Me invento respuestas. Las baldosas parecen más frías que de costumbre, mientras el arcaico teléfono sigue marcando ahora la rueda del silencio, una y otra vez.

Durante un minuto. Casi...

Y de nuevo, sonó el eco de su timbre en la habitación. Hasta morir.
 
El protagonista de tu prosa evoca momentos de desasosiegos, entretanto lo ensombrece la hora crepuscular y en el presagio del término ha vuelto a revivir la soledad, el infortunio y el frío de la indiferencia afectiva que se juntan con la incertidumbre mientras siente cuagular su existencia.

Creo que has reseñado con excelentes imágenes el color del desencanto.
Es un gran placer leerte amigo Pablín pero un indubitale desafío el tratar de descifrarte.
Gran prosa, mis aplausos, mi abrazo y mi beso.
 
Última edición:
El protagonista de tu prosa evoca momentos de desasosiegos, entretanto lo ensombrece la hora crepuscular y en el presagio del término ha vuelto a revivir la soledad, el infortunio y el frío de la indiferencia afectiva que se juntan con la incertidumbre mientras siente cuagular su existencia.

Creo que has reseñado con excelentes imágenes el color del desencanto.
Es un gran placer leerte amigo Pablín pero un indubitale desafío el tratar de descifrarte.
Gran prosa, mis aplausos, mi abrazo y mi beso.

Tras una llamada puede haber no sólo el desasosiego de quien llama, también el de quien escucha. A veces, esta persona ni siquiera sabía algo y esa llamada puede desencadenar algo inevitable.
O bien una enorme confusión de números que da en una llamada errónea, con fatal desenlace.
Posibilidades varias. Pero siempre hay una especial, la del autor. Gracias, Luv
 
Una llamada de teléfono con muchas posibilidades y alternativas
de deducciones, quién será quien está detrás, he marcado bien,
e infinitas cosas más. Aplaudo el talento que tienes para saber
llegar al lector como tú te propones.
Siempre es un placer poder pasar a leer tu creatividad e imaginación
en cosas reales como irreales. Te dejo reputación merecida.
Un beso y un abrazo de tu amiga Tere.
 
Una llamada de teléfono con muchas posibilidades y alternativas
de deducciones, quién será quien está detrás, he marcado bien,
e infinitas cosas más. Aplaudo el talento que tienes para saber
llegar al lector como tú te propones.
Siempre es un placer poder pasar a leer tu creatividad e imaginación
en cosas reales como irreales. Te dejo reputación merecida.
Un beso y un abrazo de tu amiga Tere.

Gracias por tu reflexivo paso por la habitación del enfermo. Un abrazo, Tere
 
Alcancé a descolgar el auricular del teléfono. Todo para evitar que la paz se turbase en aquella soleada mañana de abril.

Vigilaba el vetusto brazo del roble; aquel que hacía fuerza para abrir la vidriera desde su mazmorra, en el cansino parque de mi residencia.

La metálica voz al otro lado del hilo se distorsionaba:

-¡Juan, Juan, es muy urgente! Acabo de enterarme de que Pedro está en trance de muerte...

Tras rodar por el suelo a mis pies el aparato, la guía de teléfonos y, al cabo, también el auricular, todo aquel enjambre de tecnología punta regresó a su posición habitual con la ayuda de mi siniestra.

Observando durante largos segundos su negra faz de plástico endurecido, me hago preguntas. Me invento respuestas. Las baldosas parecen más frías que de costumbre, mientras el arcaico teléfono sigue marcando ahora la rueda del silencio, una y otra vez.

Durante un minuto. Casi...

Y de nuevo, sonó el eco de su timbre en la habitación. Hasta morir.


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Lo muevo al FORO DE PROSA GENERALES
MOSERADORA GLOBAL EN PROSA
ROSA
 
Verdaderamente doloroso recibir malas noticias
por teléfono. Es tán frio el auricular en esos
instantes. Lo plasmas de forma inequívoca con
tus letras. Felicitaciones.

 

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