Juno
Poeta que considera el portal su segunda casa
Hoy, descubrí al despertar un hilo desprendido en la memoria, lo enredé al índice y en el reloj de su falange, marcó con el pulgar la medianoche.
No supe distinguir en sus hebras el color del pasado, ni ubicarlo en sueño alguno, ni componer su trama desleída en el tapiz desordenado de mi infancia aunque aún, destilaba cierto aroma cándido en la simpleza de su trazo. Así que, cerré los ojos al tiempo y abracé mi oído a su murmullo, desanduve la inmediatez de mis pulsos y las querencias juveniles, los deseos descartados y las metas malogradas. Desnudé la verdad de mi vida de la mentira que la viste y con el alma en blanco, me asomé a la cuna del pensamiento... junto a él...
Su mirada era un cielo en primavera, su voz la brisa mecida en tiernos besos. De sus manos, recuerdo la pequeñez de su palma y la largura de sus dedos, de su pecho el calor de su latido. Contaba cuentos robados a la luna y los ataba al carrusel de las estrellas y si su niña lloraba, la estrechaba apresurado para hacer de sus lágrimas, guirnaldas en su cuello. Allí, sin tener conciencia, debí ser feliz. Antes de que el cielo se volviera tormenta y la voz tornado, de que las manos desterraran caricias y los dedos señalaran flaquezas, de que el calor se extinguiera envolviendo el latido en inviernos perpetuos, de que la luna se ocultara y las estrellas descerrajaran la noche mientras la niña, deshojaba el llanto silenciado en el nudo de su garganta. Antes, mucho antes de mendigar auroras, de la indigencia del amor, de la premura por crecer aun siendo el vástago de un tronco podrido en el que jamás brotarán las flores, huérfano del amparo de la fronda.
Y a pesar de los años, de enterrar en disculpas su marcial tiranía empapada en alcohol, hoy vuelvo a hacer un brindis con mi soledad. "Para que exista un mañana en que este perdón, que aún anida en la cruz de mi sonrisa pueda al fin, ¡volar en libertad!"
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