francisco javier morales
Poeta asiduo al portal
A la Mujer que amé
A ti te debo el ansia de la vida,
la palabra guardada, la desconocida.
Me diste espera brotando a manantiales,
añoré el mar, me hiciste navegante.
Y así formé una barca de tus tallos,
arrancando a solas tus raíces en mis noches,
y me quebré para siempre de tu lado
en un ultraje vano, de soledad y goce.
A la Mujer que habita en mí
Amiga inseparable
cómplice de mis dudas,
mano que sostiene un nido,
no te digo ven, estás conmigo.
Tú hueles a leche con dulzura,
tienes un delantal
y un vestido de fiesta que cosiste.
Eres diáfana de eso no hay duda.
Madre, ¿ya viste el mar? yo te pregunto,
mientras buscas el rosario que me hiciste.
A la mujer que ansío
Deja enjuagar tu rostro con poesía,
la tormenta se ha perdido en el ocaso,
tú yo y la mar con rebeldía,
nos hicimos uno en un abrazo.
Vamos a navegar sin puerto fijo,
que nos guíen las estrellas y el oleaje,
juntos los dos y el mar al infinito.
Amor mío, qué ansío, dime,
¿es tiempo ya de comenzar el viaje?
A ti te debo el ansia de la vida,
la palabra guardada, la desconocida.
Me diste espera brotando a manantiales,
añoré el mar, me hiciste navegante.
Y así formé una barca de tus tallos,
arrancando a solas tus raíces en mis noches,
y me quebré para siempre de tu lado
en un ultraje vano, de soledad y goce.
A la Mujer que habita en mí
Amiga inseparable
cómplice de mis dudas,
mano que sostiene un nido,
no te digo ven, estás conmigo.
Tú hueles a leche con dulzura,
tienes un delantal
y un vestido de fiesta que cosiste.
Eres diáfana de eso no hay duda.
Madre, ¿ya viste el mar? yo te pregunto,
mientras buscas el rosario que me hiciste.
A la mujer que ansío
Deja enjuagar tu rostro con poesía,
la tormenta se ha perdido en el ocaso,
tú yo y la mar con rebeldía,
nos hicimos uno en un abrazo.
Vamos a navegar sin puerto fijo,
que nos guíen las estrellas y el oleaje,
juntos los dos y el mar al infinito.
Amor mío, qué ansío, dime,
¿es tiempo ya de comenzar el viaje?
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