Qalat Chabir
Poeta que considera el portal su segunda casa
Despertado ya el ánimo
hemos apostado por una casa vestida
con olor a espera y por un sol sin cortinas de verano.
Quiero decirte algunas cosas y mirar hacia delante:
sé que cada día
en ese trasiego nuevo de equipajes y mudanza de besos
que tú y yo llevamos
nacemos a un honesto rectángulo de luz,
a miradas que nos delatan por cualquier rincón
y a unas manos invadidas.
Y aunque tal vez parezca en ocasiones
o creas que en mi forma de amarte
hay pereza o huída o que mi intención
pudiera estar dividida en no se sabe bien qué;
no hay deserción alguna sino obstinación,
obstinación por un amor enjaulado y unos labios tuyos que,
lastimados como algunos perros fieles por sus amos,
son punto y seguido de sensuales motivos,
trayectos amplios y asuntos permitidos
que a través de los años se han ido hospedando
en cuartos sin sombras, rincones sembrados y balcones con vistas
a aquellos recuerdos de tardes jóvenes, inocentes y frescas
que con una extraña sensación de pecado y avaricia
nos dimos a conocer apurando cada momento.
¡Si hubiera una sencilla ecuación
o un anticuado artilugio que pudiera descifrar
la conjura de aquella luz fraguada de antaño
para que nuestro destino sea nuevo y repetido!
hemos apostado por una casa vestida
con olor a espera y por un sol sin cortinas de verano.
Quiero decirte algunas cosas y mirar hacia delante:
sé que cada día
en ese trasiego nuevo de equipajes y mudanza de besos
que tú y yo llevamos
nacemos a un honesto rectángulo de luz,
a miradas que nos delatan por cualquier rincón
y a unas manos invadidas.
Y aunque tal vez parezca en ocasiones
o creas que en mi forma de amarte
hay pereza o huída o que mi intención
pudiera estar dividida en no se sabe bien qué;
no hay deserción alguna sino obstinación,
obstinación por un amor enjaulado y unos labios tuyos que,
lastimados como algunos perros fieles por sus amos,
son punto y seguido de sensuales motivos,
trayectos amplios y asuntos permitidos
que a través de los años se han ido hospedando
en cuartos sin sombras, rincones sembrados y balcones con vistas
a aquellos recuerdos de tardes jóvenes, inocentes y frescas
que con una extraña sensación de pecado y avaricia
nos dimos a conocer apurando cada momento.
¡Si hubiera una sencilla ecuación
o un anticuado artilugio que pudiera descifrar
la conjura de aquella luz fraguada de antaño
para que nuestro destino sea nuevo y repetido!
Última edición: