Soledad Galindo
Poeta recién llegado
Quieres convertirme en tu súbdita,
siempre sádico, perturbador y malvado;
siempre tú.
He logrado escapar de tu tiranía sin piedad.
El torturado no retorna a su verdugo,
un preso no vuelve a la cárcel de iniquidad,
la víctima no seduce al victimario,
no adornaré con el Síndrome de Estocolmo a tu vanidad.
Mi vicio enfermo está en recuperación.
El dulce masoquismo con voluntad se revela
y decide emanciparse de tu inquisición.
Mi cuerpo antes húmedo por tu presencia,
se vuelve de hierro, insensible a tu provocación.
Un día, sin hora ni fecha, logre abrir la jaula de mi deseo,
ahora vuela libre sin ataduras, bien lejos.
Pero sé que sigue ahí en algún lugar oculto,
en acecho de mí caída al infierno;
para atacarme y hacer resurgir, de nuevo, mis miedos.
siempre sádico, perturbador y malvado;
siempre tú.
He logrado escapar de tu tiranía sin piedad.
El torturado no retorna a su verdugo,
un preso no vuelve a la cárcel de iniquidad,
la víctima no seduce al victimario,
no adornaré con el Síndrome de Estocolmo a tu vanidad.
Mi vicio enfermo está en recuperación.
El dulce masoquismo con voluntad se revela
y decide emanciparse de tu inquisición.
Mi cuerpo antes húmedo por tu presencia,
se vuelve de hierro, insensible a tu provocación.
Un día, sin hora ni fecha, logre abrir la jaula de mi deseo,
ahora vuela libre sin ataduras, bien lejos.
Pero sé que sigue ahí en algún lugar oculto,
en acecho de mí caída al infierno;
para atacarme y hacer resurgir, de nuevo, mis miedos.
Última edición por un moderador: