Leonardo Velecela
Poeta que considera el portal su segunda casa
Y desciende despacio al abismo del adiós,
de negro se ha vestido el mundo
en el llanto me baño yo,
mientras el horizonte brilla en silencio.
No veo más que sombras eternas, infinitas,
gentes de negro, corazones muertos
en el campo de su última morada,
donde el llanto gobierna los senderos.
Aquí las flores mueren a diario,
las velas agonizan en el fuego,
frente al féretro tristes que desciende
de donde no volverá más.
Se ahogan los recuerdos en los llantos,
el aguardiente quema las entrañas,
en la oscuridad en el silencio
cuando el corazón deja de latir.
Y desciende despacio al abismo del adiós,
como el llanto en el rostro de mi madre,
como desciende la hoja del árbol que muere.
Descansa en paz,
Leonardo V.
de negro se ha vestido el mundo
en el llanto me baño yo,
mientras el horizonte brilla en silencio.
No veo más que sombras eternas, infinitas,
gentes de negro, corazones muertos
en el campo de su última morada,
donde el llanto gobierna los senderos.
Aquí las flores mueren a diario,
las velas agonizan en el fuego,
frente al féretro tristes que desciende
de donde no volverá más.
Se ahogan los recuerdos en los llantos,
el aguardiente quema las entrañas,
en la oscuridad en el silencio
cuando el corazón deja de latir.
Y desciende despacio al abismo del adiós,
como el llanto en el rostro de mi madre,
como desciende la hoja del árbol que muere.
Descansa en paz,
Leonardo V.