LA NIÑA DEL CORTIJO
Un halo de luces verdes
derramaba su mirada
que parecía de fuego
con destellos de esmeraldas.
Cuando reían sus ojos
se te clavaba en el alma
el fulgor de su alegría
como llama, lumbre y brasa.
Sus cabellos de platino
con mil reflejos de plata
le daban vida a los vientos
e iluminaban su cara.
En su boca de cerezas
lucen collares de nácar
envidia de perlas finas
y del sol de la mañana.
Sus andares son sedosos
como siseos de saya
que sollozan sibilantes
sinfonías y sonatas.
Es la niña del cortijo
que con la mula se marcha
hacia los campos de trigo,
que es allí donde trabaja.
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Churrete