elena morado
Poeta que considera el portal su segunda casa
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Ya no vienen en carrozas
ni a lomos de blancos caballos,
quizás no regalen flores
ni prometan la luna,
pero nunca les pediremos
que lo hagan,
y no te visten zapatitos de cristal,
pero en mi cuento
sí que existen Los Príncipes Azules.
Convierten en risas
los llantos,
las lágrimas en caricias
y la distancia
en un parque de atracciones.
Es mi cuento
y en él está quien yo quiero.
Están Blancanieves y Pinocho,
que no le crece la nariz
porque no miente.
Caperucita y el lobo,
que no es tan feroz como lo pintan.
Cenicienta y la madrastra,
que se llevan de puta madre.
El Gato con botas,
Juan sin miedo,
El Sastrecillo valiente
y El Principito.
No es verdad
la distancia no es el olvido.
Echo de menos tu voz
mezclada con mis risas.
¡Es muy difícil seguir sin escucharte!
Quiero esa historia
la de Calixto y Melibea,
pero sin celestinas de por medio,
sin conjuros ni hechizos maliciosos,
que quiero que mis quereres
lo sean por mis propios méritos
y los suyos.
Y mientras no dejo de quererte
seguiré jugando con Alicia
en el País de las Maravillas,
allí donde todo se cumple
haré malabares con mis sueños
en mis manos
y rezaré,
para que le pidas al viento
que me lleve a ti.
Antonia Mauro del Blanco
Ya no vienen en carrozas
ni a lomos de blancos caballos,
quizás no regalen flores
ni prometan la luna,
pero nunca les pediremos
que lo hagan,
y no te visten zapatitos de cristal,
pero en mi cuento
sí que existen Los Príncipes Azules.
Convierten en risas
los llantos,
las lágrimas en caricias
y la distancia
en un parque de atracciones.
Es mi cuento
y en él está quien yo quiero.
Están Blancanieves y Pinocho,
que no le crece la nariz
porque no miente.
Caperucita y el lobo,
que no es tan feroz como lo pintan.
Cenicienta y la madrastra,
que se llevan de puta madre.
El Gato con botas,
Juan sin miedo,
El Sastrecillo valiente
y El Principito.
No es verdad
la distancia no es el olvido.
Echo de menos tu voz
mezclada con mis risas.
¡Es muy difícil seguir sin escucharte!
Quiero esa historia
la de Calixto y Melibea,
pero sin celestinas de por medio,
sin conjuros ni hechizos maliciosos,
que quiero que mis quereres
lo sean por mis propios méritos
y los suyos.
Y mientras no dejo de quererte
seguiré jugando con Alicia
en el País de las Maravillas,
allí donde todo se cumple
haré malabares con mis sueños
en mis manos
y rezaré,
para que le pidas al viento
que me lleve a ti.
Antonia Mauro del Blanco
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