Las calles están tristemente...

RAUL CONTRERAS

Poeta recién llegado
Las calles están tristemente sucias.
Qué endémica enfermedad sufren las calles.
Los árboles respiran con dificultad,
las fachadas se retuercen de graffitis.

Colillas blancas con tintes de carmín
en sus filtros, parecen pétalos malignos
de una flores del mal, extraídos de un jardín
maldito. He leído a Bodelaire.)

En mi adolescencia- las chicas, raramente
lo hacían- fumábamos a escondidas y hacíamos
desaparecer el cuerpo del delito, no recuerdo
cómo ni dónde.

Envases, cajetillas, cromos de Pokemon,
(la calle es un gran escaparate, nos incita al consumo)
forman hoy, el patrimonio cultural de una era llamada
tecnológica.

Las manchas en el asfalto que dejara el último corre foc
y la temible humedad que atraviesa mis maltrechos huesos,
acaban con la imagen, otrora magnífica, de una vieja postal.

!Que tristemente miro mis calles,
si se me enturbia hasta el caminar!

Y la escoba, ¿donde está la escoba?
Aquella escoba que se olvida de los suburbios,
de los condones, de las jeringuillas o de las litronas
del último botellón.

Cigarrillo en mano me abro paso esquivando deshechos,
heces de dobermans, chiclets consumidos,
mientras exhalo, con fruición, la última bocanada
de mi luchy y, absorto en la contemplación, lo lanzo,
lo tiro, con suma indiferencia... a la calle.
 
Realidades del devenir de ls vida, saludos y grato leerlw
Las calles están tristemente sucias.
Qué endémica enfermedad sufren las calles.
Los árboles respiran con dificultad,
las fachadas se retuercen de graffitis.

Colillas blancas con tintes de carmín
en sus filtros, parecen pétalos malignos
de una flores del mal, extraídos de un jardín
maldito. He leído a Bodelaire.)

En mi adolescencia- las chicas, raramente
lo hacían- fumábamos a escondidas y hacíamos
desaparecer el cuerpo del delito, no recuerdo
cómo ni dónde.

Envases, cajetillas, cromos de Pokemon,
(la calle es un gran escaparate, nos incita al consumo)
forman hoy, el patrimonio cultural de una era llamada
tecnológica.

Las manchas en el asfalto que dejara el último corre foc
y la temible humedad que atraviesa mis maltrechos huesos,
acaban con la imagen, otrora magnífica, de una vieja postal.

!Que tristemente miro mis calles,
si se me enturbia hasta el caminar!

Y la escoba, ¿donde está la escoba?
Aquella escoba que se olvida de los suburbios,
de los condones, de las jeringuillas o de las litronas
del último botellón.

Cigarrillo en mano me abro paso esquivando deshechos,
heces de dobermans, chiclets consumidos,
mientras exhalo, con fruición, la última bocanada
de mi luchy y, absorto en la contemplación, lo lanzo,
lo tiro, con suma indiferencia... a la calle.
 
En una tertulia, tuve la oportunidad de leer este poema estando en ella el alcalde de la villa. Qué sarcasmo.
 

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