abcd
Poeta adicto al portal
Caminar,
asustarse en calle España
con tu propio reflejo en una tienda de convexos.
Caminar,
dejar la mirada perdida,
con los zapatos tristes
con las horas muy lentas
dormidas en la espalda.
Caminar,
contemplar rostros llenos de ruido,
ellos están tristes también,
tendríamos que abrazarnos
jugar a la esperanza,
inventar una lluvia
con las manos,
con los pájaros que la cabeza guarda.
Caminar,
pensando en el poema que luego se escribirá,
maldecir de antemano el olvidar la parte mas hermosa,
sonreír luego, de forma minúscula,
porque eso es el arte del alma.
Caminar
no llorar, aguantar ese pecho que brinca sin alas,
aguantar por ese pacto social
que exige a las personas ser personas
y no un árbol, y no un edificio en llamas.
Caminar,
ausente, volver a sonreír
cuando ese sonido de los auriculares te pone aún mas triste.
Caminar,
ser un soldado herido de papel
y dibujarse armas, cañones, metralletas en las articulaciones.
Matar y morir caminando,
sin rencor,
sin amor.
Caminar,
hasta sentir los dolores del cuerpo por separado.
Nada es tan mío como el silencio,
nada es tan importante,
ni la ciudad,
ni las personas que se exilian en mi cara,
ni la necesidad de volar, o fumar, o de accionar una bomba
en plena plaza, en plena risa de un niño sin cables.
Caminar,
abrigando un misterio del cual nadie vestirá su esqueleto,
misterio que solo el sol mas blanco entenderá en su beso.
Caminar,
como todos los días,
esperando que al subir las escaleras
ella no vuelva a cercar la memoria.
Caminar,
como momento de paz,
de llanto interior,
como una herramienta para pintar las nubes
con nuestro propio color.
asustarse en calle España
con tu propio reflejo en una tienda de convexos.
Caminar,
dejar la mirada perdida,
con los zapatos tristes
con las horas muy lentas
dormidas en la espalda.
Caminar,
contemplar rostros llenos de ruido,
ellos están tristes también,
tendríamos que abrazarnos
jugar a la esperanza,
inventar una lluvia
con las manos,
con los pájaros que la cabeza guarda.
Caminar,
pensando en el poema que luego se escribirá,
maldecir de antemano el olvidar la parte mas hermosa,
sonreír luego, de forma minúscula,
porque eso es el arte del alma.
Caminar
no llorar, aguantar ese pecho que brinca sin alas,
aguantar por ese pacto social
que exige a las personas ser personas
y no un árbol, y no un edificio en llamas.
Caminar,
ausente, volver a sonreír
cuando ese sonido de los auriculares te pone aún mas triste.
Caminar,
ser un soldado herido de papel
y dibujarse armas, cañones, metralletas en las articulaciones.
Matar y morir caminando,
sin rencor,
sin amor.
Caminar,
hasta sentir los dolores del cuerpo por separado.
Nada es tan mío como el silencio,
nada es tan importante,
ni la ciudad,
ni las personas que se exilian en mi cara,
ni la necesidad de volar, o fumar, o de accionar una bomba
en plena plaza, en plena risa de un niño sin cables.
Caminar,
abrigando un misterio del cual nadie vestirá su esqueleto,
misterio que solo el sol mas blanco entenderá en su beso.
Caminar,
como todos los días,
esperando que al subir las escaleras
ella no vuelva a cercar la memoria.
Caminar,
como momento de paz,
de llanto interior,
como una herramienta para pintar las nubes
con nuestro propio color.
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