Y mi alma se rompe en mil pedazos,
no hay consuelo en mi memoria,
donde se acaba el sentimiento determinado,
y los ojos no me deben nada, son solo historia…
Y pienso que será de mi vida,
que serán de mis sueños,
y como cualquier otro día,
vivo y sueño con mis versos…
Y al tomar una taza de café,
me consuelo al soñar con ella,
y le escribo y le hago saber,
que vive en mí, en mis poemas…
Que yo, como una flor marchita,
me voy desahogando en ti,
y doy mi corazón, desde mi orilla,
a mi triste soledad, y a todo mi vivir…
Las manos se revientan de tanto escribir,
porque yo no escondo con vergüenza,
ni mis memorias, ni mi sentir,
a merced de esta gris tormenta...
[