Francisco Lechuga Mejia
Poeta que no puede vivir sin el portal
Hay tardes en las que todo el horizonte
se cuela por la ventana con sus cada vez
más pocas esperanzas, con aliento cada
vez más pobre, con todos sus colores que
se clavan en los sentimientos como si
fueran granos finos de sal en la mirada.
Tardes en las que todas las palabras
se despeñan desde lo alto y lo bajo de
su significado y se ahogan en un mar de
papel sin tinta del brazo de cada una de
sus metáforas, palabras tuyas, mías,
palabras que tratan a toda costa de encontrar
su redención mordiéndome los labios.
Hay tardes que no huelen a lluvia ni a hierba
ni a tierra prometida, tardes que se dejan
alumbrar como presagio de que el anzuelo lunar
usará como carnada todos los hubiera, todas las
cosas y las calles y las camas que jamás nos sucedieron.
Hay veces que siento en cada uno de los huesos
que ya es tarde y solo te encuentro entre los versos
de un poemario que te cubre de los fríos con otra
de sus hojas mientras yo me miro los ojos en el
reflejo de un espejo únicamente para ver si después
de tantas lluvias por fin me han florecido.
Due 28.07.13 en una tarde con ganas de vuelva por lo menos para ver un atardecer más por la ventana.
Nota 1. Queridas Matemáticas, de verdad no soy su terapeuta, por favor resuelvan sus propios problemas.
Nota 2. Nunca le cuentes grandes secretos a la novia, algún día puede convertirse en tu exnovia para ser tu esposa.
Nota 3. El vino puede ser salud, o ¡salud! Todo depende de la moderación.
.
Última edición: