Luis Á. Ruiz Peradejordi
Poeta que considera el portal su segunda casa
Poco a poco, se ha ido estrechando el sendero
no hay grandes urbes, ni autos veloces;
atrás quedaron las altas luces,
olvidados los días pálidos de enero.
Verdad es que mi paso es menos ligero,
me entretengo en las sombras frescas,
en las escondidas, frías fuentes,
cubierto con mi sombrero.
Pasean mis pies por el polvo, sorteando
alguna que otra piedra, incontables,
mientras subo un leve repecho,
mis piernas fatigando.
A veces me detengo para mirar
las cosas habituales,
las que están ahí desde siempre,
las que me acompañarán hasta el mar.
El tiempo me ha descubierto
el gozo de ir despacio, sin prisa,
con el alma al brazo
y el corazón siempre abierto.
El sabor en los labios del rocío,
el canto de las espigas soñolientas,
el arrullo dulce del viento.
El bravo clamor del río.
Me tientan los recuerdos
alguna tarde en el ocaso,
paraíso de pieles tersas, risas tristes,
titiriteros, muñecos, lerdos.
No quiero compañía en mi caminar,
mas sigo, terco, con mi paso,
he ido dejando jirones de mí mismo
desde que he comenzado a andar.
Me dijo el augur: "Conozco tu futuro".
También yo lo conozco, respondí.
Miré mis manos, miré mi bolsa,
miré mi alma y me vi impuro.
Así mi paso ahora dado con calma,
entre soledades y luces,
ha ido preparando mi cuerpo,
ha ido purificando mi alma.
He dejado mi parco equipaje
junto al mar, donde rompen las olas.
Contemplo las costas de Avalon
y espero la barca que termine mi viaje.
no hay grandes urbes, ni autos veloces;
atrás quedaron las altas luces,
olvidados los días pálidos de enero.
Verdad es que mi paso es menos ligero,
me entretengo en las sombras frescas,
en las escondidas, frías fuentes,
cubierto con mi sombrero.
Pasean mis pies por el polvo, sorteando
alguna que otra piedra, incontables,
mientras subo un leve repecho,
mis piernas fatigando.
A veces me detengo para mirar
las cosas habituales,
las que están ahí desde siempre,
las que me acompañarán hasta el mar.
El tiempo me ha descubierto
el gozo de ir despacio, sin prisa,
con el alma al brazo
y el corazón siempre abierto.
El sabor en los labios del rocío,
el canto de las espigas soñolientas,
el arrullo dulce del viento.
El bravo clamor del río.
Me tientan los recuerdos
alguna tarde en el ocaso,
paraíso de pieles tersas, risas tristes,
titiriteros, muñecos, lerdos.
No quiero compañía en mi caminar,
mas sigo, terco, con mi paso,
he ido dejando jirones de mí mismo
desde que he comenzado a andar.
Me dijo el augur: "Conozco tu futuro".
También yo lo conozco, respondí.
Miré mis manos, miré mi bolsa,
miré mi alma y me vi impuro.
Así mi paso ahora dado con calma,
entre soledades y luces,
ha ido preparando mi cuerpo,
ha ido purificando mi alma.
He dejado mi parco equipaje
junto al mar, donde rompen las olas.
Contemplo las costas de Avalon
y espero la barca que termine mi viaje.