Violeta
Poeta que considera el portal su segunda casa
Es justo después de un aguacero
cuando le temo a un sábado bohemio
desnudo,
en negro y blanco
y este
mi -yo- agotado
se vuelve muro de piedra,
y hace de agosto
el mes que ya no reconoce rostros,
y el tiempo está tan quieto
que hace temblar la piel de los solitarios.
Más allá de algún Dios,
se abre otra vez
el cuerpo de la ausencia
y el respiro astilla al sueño dorado,
pero sigo esperando la luz del incendio
-nuestras miradas entrelazadas-
porque sé,
que al pie del cielo que construimos
está intacta el agua del amor.
cuando le temo a un sábado bohemio
desnudo,
en negro y blanco
y este
mi -yo- agotado
se vuelve muro de piedra,
y hace de agosto
el mes que ya no reconoce rostros,
y el tiempo está tan quieto
que hace temblar la piel de los solitarios.
Más allá de algún Dios,
se abre otra vez
el cuerpo de la ausencia
y el respiro astilla al sueño dorado,
pero sigo esperando la luz del incendio
-nuestras miradas entrelazadas-
porque sé,
que al pie del cielo que construimos
está intacta el agua del amor.
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