El Vagabundo
Allí estaba el rostro de la muerte
sujeto con pasión a una botella
medio vacía.
Los ojos inyectados en alcohol
querían desprenderse
de ese mundo
que le había dado la espalda.
Escupía con frecuencia
una mezcla maloliente
de putrefacción y sangre.
Así fue cómo lo vi la última vez:
apoyado en una farola.
Ahora la farola ya no está.
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