Último Poeta Maldito
Poeta asiduo al portal
Suspiros hondos y cálidos,
que escapan fugitivos;
la pupila trémula, chispeante;
las mejillas sonrosadas;
la pávida vibración de tus manos
Ríes, con albura sonrisa emanante
de beldad serena y cálida;
los pajarillos dan sus trinos
al aura repentina y relajante;
en el vago silencio se escuchan palpitaciones;
el tiempo irrumpe en pausa;
y del eco lejano provienen lozanas canciones.
Las miradas se acarician
mientras observan a los labios
secos, rosados y sutiles,
desbordarse a un nexo divino.
Las bocas difusas solo piensan
en besar y en caricias gentiles,
atraídas por ese sentir,
aquel puro y crecido lirio
¡Ah, el mágico amor!
Ese delirio de nuestro vivir,
el que brota de la pureza,
donde habita el frágil corazón.
El sol agoniza en su atardecer
perdiendo así el cielo su azul;
se despide con el canto de ruiseñores,
pero en nosotros quedo su calor impreso
y en el áureo sendero, los susurros de amores
¡Que caiga la bella noche mientras te beso!
que escapan fugitivos;
la pupila trémula, chispeante;
las mejillas sonrosadas;
la pávida vibración de tus manos
Ríes, con albura sonrisa emanante
de beldad serena y cálida;
los pajarillos dan sus trinos
al aura repentina y relajante;
en el vago silencio se escuchan palpitaciones;
el tiempo irrumpe en pausa;
y del eco lejano provienen lozanas canciones.
Las miradas se acarician
mientras observan a los labios
secos, rosados y sutiles,
desbordarse a un nexo divino.
Las bocas difusas solo piensan
en besar y en caricias gentiles,
atraídas por ese sentir,
aquel puro y crecido lirio
¡Ah, el mágico amor!
Ese delirio de nuestro vivir,
el que brota de la pureza,
donde habita el frágil corazón.
El sol agoniza en su atardecer
perdiendo así el cielo su azul;
se despide con el canto de ruiseñores,
pero en nosotros quedo su calor impreso
y en el áureo sendero, los susurros de amores
¡Que caiga la bella noche mientras te beso!
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