EL VENDEDOR DE HELADOS
Vendía helados en la acera
del cine Equitativa.
Siempre me llamó la atención
su impecable chaquetilla blanquísima,
su pajarita roja
y su gorrillo de aviador.
Era simpático
y amigo de casi todos los niños
que íbamos al cine de sesión continua.
Supongo que no era rico,
pero al menos tenía un trabajo digno
que le permitía ganarse la vida.
Tendría yo entre ocho y doce años.
Luego dejé de frecuentar el cine
y le perdí la pista.
Un día, paseando por la calle Real,
vi a un mendigo vestido con harapos.
En su cabeza un gorrillo de aviador.
-¿No me vas a saludar?- dijo al reconocerme.
Era el vendedor de helados.
--..--
Vendía helados en la acera
del cine Equitativa.
Siempre me llamó la atención
su impecable chaquetilla blanquísima,
su pajarita roja
y su gorrillo de aviador.
Era simpático
y amigo de casi todos los niños
que íbamos al cine de sesión continua.
Supongo que no era rico,
pero al menos tenía un trabajo digno
que le permitía ganarse la vida.
Tendría yo entre ocho y doce años.
Luego dejé de frecuentar el cine
y le perdí la pista.
Un día, paseando por la calle Real,
vi a un mendigo vestido con harapos.
En su cabeza un gorrillo de aviador.
-¿No me vas a saludar?- dijo al reconocerme.
Era el vendedor de helados.
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