Una muy triste

Empezaré por confesar que leí en la fecha de su publicación, este profundo versar que nos hace inevitable una reflexión. Al terminar de leerlo, con una mezcla de emociones, pensé enviar un mensaje, se agolparon mil ideas en mi cabeza y al final no supe que escribir.
Un inevitable dolor al que tarde o temprano todos nos enfrentamos. El mejor tributo de agradecimiento a quien nos dio la vida, es darle todo lo que esté a nuestro alcance, mientras esté con nosotros. Después, su espíritu nos acompañará, pues una madre nunca abandona a sus hijos.
Sentidas y estrujantes lineas. Gracias por compartirlas.
Mis saludos cordiales
 
POEMA RECOMENDADO
MUNDOPOESIA.COM

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CON TODO EL CARIÑO DE MUNDOPOESIA.COM
 
Sabes cómo conmover con tus escritos, tienes mucho talento y lo luces fácilmente
Me estremeció al leerte
Un abrazo poeta
 
Muchísimas gracias por el reconocimiento, ayuda a continuar vertiendo versos desde no se sabe dónde, aunque en este caso sí, solo es recordar. Un fuerte abrazo a todos los que hacen posible Mundopoesía, entre ellos nosotros, aficionados y amantes de las letras. Muchas gracias, señor Manumalversación, señora Julia, señor Danie, señor Luzyabsenta, señora Ludmila y señora Ligia (Mi Ojo Mágico), y a todos en general; y perdonen aproveche espacio, pero es que mi Internet de móvil es muy lento. Un fuerte abrazo.
 
Cuando mueras no habrá cielo,
ni rodillas para fregar escaleras,
ni más rincones que acojan a tanto
llanto desesperado y solitario.
Los hijos habremos crecido cada uno
en el hueco de un sol que dejaron.
No se olvidarán más bicicletas
en las cunetas de un día de bebida.
El sol lloverá sobre nubes pálidas
y las costillas no entenderán de risas
y las bocas callarán el grito del trueno
y los ojos serán relámpagos que nunca lucieron.
No habrá más carbón perdido en las vías
de unas montañas tan lejanas como el amor.
Cuando mueras ya no habrá olivos,
ni algodón que raje las manos;
yo no sabré el final del camino
ni por qué anduve siempre ciego.
Morirá la luciérnaga en la cuna
entre mil mariposas de colores
y el universo será la tierra
y en la tierra titilarán estrellas.
Cuando tú te mueras, madre,
yo no sabré qué es un te quiero.
Cuando tú te mueras me aplastará
la tierra, el universo y el cielo;
no soportaré el peso del recuerdo.
De ahí estos versos que son
intentos vanos de apuntalar
la inevitable descomposición de toda
luz, alma, cuerpo y carne que tuviera.
Entre el olvido la niebla quisiera ser
una hierba donde no naciera más dolor.
Y que fluyas y asciendas mientras llegas
y dejes atrás a tanta carne caminando
hacia los cementerios de la estupidez,
donde luce una lápida en mi nombre.





Cuando ella falta la sensación de orfandad lo impregna todo, te sientes como una niña pequeña, perdida, abandonada en una calle de una inmensa ciudad desconociada en la que sus habitantes no hablan tu idioma, y no sabes qué rumbo tomar, ni a quién preguntar, sientes que cualquiera otra debió morir antes que ella. Y vas a su casa, que fuera la tuya, y no la reconoces, se muere el aroma que le daba vida y con él mueres de nuevo y te das cuenta que para nadie volverás a ser niño. (Julia Olivera).
Versos que estremecen en esa realidad de un tiempo que nos arrebata
lo necesario. atravesar el limite para comprender ese amor ido, esa
existencia no presente. felicidades. luzyabsenta
 
Muchísimas gracias por el reconocimiento, ayuda a continuar vertiendo versos desde no se sabe dónde, aunque en este caso sí, solo es recordar. Un fuerte abrazo a todos los que hacen posible Mundopoesía, entre ellos nosotros, aficionados y amantes de las letras. Muchas gracias, señor Manumalversación, señora Julia, señor Danie, señor Luzyabsenta, señora Ludmila y señora Ligia (Mi Ojo Mágico), y a todos en general; y perdonen aproveche espacio, pero es que mi Internet de móvil es muy lento. Un fuerte abrazo.

FELICIDADES por el reconocimiento obtenido.
es un lujo poder releer esta bella obra de espacios que
declaman y se extienden entre vocaciones de sentimientos
que son pureza de arte literario.
saludos amables de luzyabsenta
 
Versos que estremecen en esa realidad de un tiempo que nos arrebata
lo necesario. atravesar el limite para comprender ese amor ido, esa
existencia no presente. felicidades. luzyabsenta

FELICIDADES por el reconocimiento obtenido.
es un lujo poder releer esta bella obra de espacios que
declaman y se extienden entre vocaciones de sentimientos
que son pureza de arte literario.
saludos amables de luzyabsenta

Gracias Luz. A veces alguien se queda postrado ante el umbral, como meditando, o temeroso, o por no sé qué. Por ello este poema me dice mucho, es algo especial.

Saludos, compañero.
 
Cuando mueras no habrá cielo,
ni rodillas para fregar escaleras,
ni más rincones que acojan a tanto
llanto desesperado y solitario.
Los hijos habremos crecido cada uno
en el hueco de un sol que dejaron.
No se olvidarán más bicicletas
en las cunetas de un día de bebida.
El sol lloverá sobre nubes pálidas
y las costillas no entenderán de risas
y las bocas callarán el grito del trueno
y los ojos serán relámpagos que nunca lucieron.
No habrá más carbón perdido en las vías
de unas montañas tan lejanas como el amor.
Cuando mueras ya no habrá olivos,
ni algodón que raje las manos;
yo no sabré el final del camino
ni por qué anduve siempre ciego.
Morirá la luciérnaga en la cuna
entre mil mariposas de colores
y el universo será la tierra
y en la tierra titilarán estrellas.
Cuando tú te mueras, madre,
yo no sabré qué es un te quiero.
Cuando tú te mueras me aplastará
la tierra, el universo y el cielo;
no soportaré el peso del recuerdo.
De ahí estos versos que son
intentos vanos de apuntalar
la inevitable descomposición de toda
luz, alma, cuerpo y carne que tuviera.
Entre el olvido la niebla quisiera ser
una hierba donde no naciera más dolor.
Y que fluyas y asciendas mientras llegas
y dejes atrás a tanta carne caminando
hacia los cementerios de la estupidez,
donde luce una lápida en mi nombre.





Cuando ella falta la sensación de orfandad lo impregna todo, te sientes como una niña pequeña, perdida, abandonada en una calle de una inmensa ciudad desconociada en la que sus habitantes no hablan tu idioma, y no sabes qué rumbo tomar, ni a quién preguntar, sientes que cualquiera otra debió morir antes que ella. Y vas a su casa, que fuera la tuya, y no la reconoces, se muere el aroma que le daba vida y con él mueres de nuevo y te das cuenta que para nadie volverás a ser niño. (Julia Olivera).
Es tremendo, me erizo la piel y me llevo a pensar que la única vez que intenté hacer un poema a mi madre no puede evitar pensar en su desaparición, y la sola idea no me dejó proseguir más allá de unas pocas líneas.
Mi humilde reconocimiento por esta obra sensible y reflexiva.
 
Es tremendo, me erizo la piel y me llevo a pensar que la única vez que intenté hacer un poema a mi madre no puede evitar pensar en su desaparición, y la sola idea no me dejó proseguir más allá de unas pocas líneas.
Mi humilde reconocimiento por esta obra sensible y reflexiva.

Difícil, Pedro, difícil escribir a una madre sin que los sentimientos se interpongan. Y más difícil estudiar luego rimas, métrica y eso para que quede lo más lindo posible. Creo que la única manera de escribir a una madre es volcar la escritura de golpe, pues una madre es eso, infinidad de sentimientos chocando en la mente.

Me alegra verte. Saludos, compañero.
 
Cuando mueras no habrá cielo,
ni rodillas para fregar escaleras,
ni más rincones que acojan a tanto
llanto desesperado y solitario.
Los hijos habremos crecido cada uno
en el hueco de un sol que dejaron.
No se olvidarán más bicicletas
en las cunetas de un día de bebida.
El sol lloverá sobre nubes pálidas
y las costillas no entenderán de risas
y las bocas callarán el grito del trueno
y los ojos serán relámpagos que nunca lucieron.
No habrá más carbón perdido en las vías
de unas montañas tan lejanas como el amor.
Cuando mueras ya no habrá olivos,
ni algodón que raje las manos;
yo no sabré el final del camino
ni por qué anduve siempre ciego.
Morirá la luciérnaga en la cuna
entre mil mariposas de colores
y el universo será la tierra
y en la tierra titilarán estrellas.
Cuando tú te mueras, madre,
yo no sabré qué es un te quiero.
Cuando tú te mueras me aplastará
la tierra, el universo y el cielo;
no soportaré el peso del recuerdo.
De ahí estos versos que son
intentos vanos de apuntalar
la inevitable descomposición de toda
luz, alma, cuerpo y carne que tuviera.
Entre el olvido la niebla quisiera ser
una hierba donde no naciera más dolor.
Y que fluyas y asciendas mientras llegas
y dejes atrás a tanta carne caminando
hacia los cementerios de la estupidez,
donde luce una lápida en mi nombre.





Cuando ella falta la sensación de orfandad lo impregna todo, te sientes como una niña pequeña, perdida, abandonada en una calle de una inmensa ciudad desconociada en la que sus habitantes no hablan tu idioma, y no sabes qué rumbo tomar, ni a quién preguntar, sientes que cualquiera otra debió morir antes que ella. Y vas a su casa, que fuera la tuya, y no la reconoces, se muere el aroma que le daba vida y con él mueres de nuevo y te das cuenta que para nadie volverás a ser niño. (Julia Olivera).

Realmente preciosos estos versos, Vicente...
Gracias por este monumento poético a la sensibilidad. Una obra de arte, de las que se leen pocas.
Bravo, compañero, bravo.
Un abrazo.
 
Cuando mueras no habrá cielo,
ni rodillas para fregar escaleras,
ni más rincones que acojan a tanto
llanto desesperado y solitario.
Los hijos habremos crecido cada uno
en el hueco de un sol que dejaron.
No se olvidarán más bicicletas
en las cunetas de un día de bebida.
El sol lloverá sobre nubes pálidas
y las costillas no entenderán de risas
y las bocas callarán el grito del trueno
y los ojos serán relámpagos que nunca lucieron.
No habrá más carbón perdido en las vías
de unas montañas tan lejanas como el amor.
Cuando mueras ya no habrá olivos,
ni algodón que raje las manos;
yo no sabré el final del camino
ni por qué anduve siempre ciego.
Morirá la luciérnaga en la cuna
entre mil mariposas de colores
y el universo será la tierra
y en la tierra titilarán estrellas.
Cuando tú te mueras, madre,
yo no sabré qué es un te quiero.
Cuando tú te mueras me aplastará
la tierra, el universo y el cielo;
no soportaré el peso del recuerdo.
De ahí estos versos que son
intentos vanos de apuntalar
la inevitable descomposición de toda
luz, alma, cuerpo y carne que tuviera.
Entre el olvido la niebla quisiera ser
una hierba donde no naciera más dolor.
Y que fluyas y asciendas mientras llegas
y dejes atrás a tanta carne caminando
hacia los cementerios de la estupidez,
donde luce una lápida en mi nombre.





Cuando ella falta la sensación de orfandad lo impregna todo, te sientes como una niña pequeña, perdida, abandonada en una calle de una inmensa ciudad desconociada en la que sus habitantes no hablan tu idioma, y no sabes qué rumbo tomar, ni a quién preguntar, sientes que cualquiera otra debió morir antes que ella. Y vas a su casa, que fuera la tuya, y no la reconoces, se muere el aroma que le daba vida y con él mueres de nuevo y te das cuenta que para nadie volverás a ser niño. (Julia Olivera).

Hermosos versos, llenos de tristeza por explorar el momento cuando falte el amor de la madre, ese amor sincero que no se pierde nunca, me ha gustado mucho.
 

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