Emmanuel Milla-Gatica
Poeta recién llegado
La luz también puede llorar.
Silenciosa, desierta, polvorienta,
en su muerte desierta como la lluvia.
Pareciera que su lengua, su aliento,
se callaran bajo el golpe de mis heridas.
Duermen también los versos de la noche
que la mañana jamás podrá recordar.
Canta mi voz su agonía
con la miel de una bebida funeraria.
Se subleva en ella el deseo de la vida
agitándose en un formidable tropel
por donde salir de las tinieblas
y vivir, vivir y vivir.
La luz también puede llorar.
(“Lumi Potete Piangere” decía Giovanni Legrenzi.)
Silenciosa, desierta, polvorienta,
en su muerte desierta como la lluvia.
Pareciera que su lengua, su aliento,
se callaran bajo el golpe de mis heridas.
Duermen también los versos de la noche
que la mañana jamás podrá recordar.
Canta mi voz su agonía
con la miel de una bebida funeraria.
Se subleva en ella el deseo de la vida
agitándose en un formidable tropel
por donde salir de las tinieblas
y vivir, vivir y vivir.
La luz también puede llorar.
(“Lumi Potete Piangere” decía Giovanni Legrenzi.)
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