Starsev Ionich
Poeta asiduo al portal
El frío de las rocas cala en mi espalda, como un día tus manos fueron imanes de hielo en la espalda de un enamorado. El olor bizarro de la hiedra y la manzanilla, mezclado con el sabor amargo de este vodka ilusorio, recuerdan tu hálito a bosque y musgo encantado. Estas hormigas rojas de culo enorme, muerden casi tan dulce como tus besos letárgicos, y un manantial de profundidad reveladora, quiere dilucidar la inexistencia de tus fugaces orgasmos, cual meteoro que se estrella en una masa sadomasoquista que quiere jugar al inicio del caos, al big bang que me recuerda tu triste ocaso.
Eres parte de esta naturaleza, de este suave manantial con sabor a hierro, por eso me postro bajo esta cascada que un día delineo esa piel tan suave y tan alucinante como hongos boscosos, que parecían hacer disparatar a primera vista, pero que poco a poco su infantil apariencia mataba.
Estoy bajo la cascada que alumbro la risa, y escribió en el aire mi sentimiento primigenio al servir de cortina, de la luz del alba. Fue el arcoíris que desato todas nuestras facetas y desnudo todas nuestras debilidades.
¿Dónde está esa piel, en que desgraciadas manos afortunadas? Si tan solo un día, el destino, en nuestra cueva de cemento nos conglomerara en uno de esos aparatos tan ruines que transportan gente como ganado, si respiraras y yo inhalara el aire pesado y tu aroma, borrando de ese mar de magma toda la suciedad de la gente viva, si pudiera inhalarte toda, cual sustancia adictiva que macerara mi cerebro débil.
El destino es bueno conmigo... sabe del mal que me haces. ¡No, jajaja! El destino es mío, y quiero buscarte bajo las profundidades de estas aguas hasta que mi memoria acabe, o hasta que por fin acepte que nunca me quisiste y que somos parte de la muerte, o si un ataque de pánico me ataca, del recuerdo.
Eres parte de esta naturaleza, de este suave manantial con sabor a hierro, por eso me postro bajo esta cascada que un día delineo esa piel tan suave y tan alucinante como hongos boscosos, que parecían hacer disparatar a primera vista, pero que poco a poco su infantil apariencia mataba.
Estoy bajo la cascada que alumbro la risa, y escribió en el aire mi sentimiento primigenio al servir de cortina, de la luz del alba. Fue el arcoíris que desato todas nuestras facetas y desnudo todas nuestras debilidades.
¿Dónde está esa piel, en que desgraciadas manos afortunadas? Si tan solo un día, el destino, en nuestra cueva de cemento nos conglomerara en uno de esos aparatos tan ruines que transportan gente como ganado, si respiraras y yo inhalara el aire pesado y tu aroma, borrando de ese mar de magma toda la suciedad de la gente viva, si pudiera inhalarte toda, cual sustancia adictiva que macerara mi cerebro débil.
El destino es bueno conmigo... sabe del mal que me haces. ¡No, jajaja! El destino es mío, y quiero buscarte bajo las profundidades de estas aguas hasta que mi memoria acabe, o hasta que por fin acepte que nunca me quisiste y que somos parte de la muerte, o si un ataque de pánico me ataca, del recuerdo.
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