hugoescritor
Poeta que considera el portal su segunda casa
Amaneció de espaldas,
a contramano.
Con el sol en la nuca
y la mirada
prisionera aún de aquél sueño,
donde la amaba.
Se vistió a los tirones,
a las puteadas.
De tres cuartos de perfil,
como un retrato,
le devolvió el espejo
su rostro amargo.
Se lanzó a la calle,
el sol en la cara,
tal vez ése fuera el día
que la encontrara.
Tapones de punta,
como un defensa,
el día se le tiró a los pies,
las piernas juntas.
Lo abandonó el valor...
Regresó a la penumbras,
el sol en la nuca,
al menos en las sombras
aún la nombra.