danimub
Poeta fiel al portal
Volví una tarde nublada
después de muchos inviernos
salté las rejas de acero
que custodiaban la casa;
parecía abandonada
el ingreso estaba intacto
con las pinos que plantamos
los eucaliptus silbaban
y la brisa susurraba
nuestra canción del verano.
Nada estaba como entonces
hallé la puerta trabada
me asomé por la ventana
que alguna vez tuvo flores
y cortinas de colores;
la rompí con un ladrillo
entré sin pedir permiso
y en el jardín de la entrada
dejé mi vieja nostalgia
esperando como un niño.
Para encontrar el pasillo
abrí todas las persianas
la luz entró avergonzada
y se arrastró por el piso;
como un tesoro escondido
resplandecía la sala
por años deshabitada
y los revoques en ruina
parecían las heridas
que el rencor deja en el alma.
Como olvidados testigos
encontré nuestros retratos
las ratas dentro del piano
y nuestros pálidos libros
la arrogancia y el olvido
tirados sobre la alfombra;
el fuego arrojó su sombra
sobre el sofá tantas noches
frente al hogar donde entonces
degustábamos las horas.
En un cajón del armario
desempolvé un par de cartas
cuya existencia ignoraba
como ignoran los tiranos;
corrí temblando hacia el patio
busqué la fuente que hicimos
la que bañaba el rocío
me vi en su pobre reflejo
mi corazón tan enfermo
volvió a escuchar sus latidos.
http://poemasforasteros.blogspot.com.ar/
salté las rejas de acero
que custodiaban la casa;
parecía abandonada
el ingreso estaba intacto
con las pinos que plantamos
los eucaliptus silbaban
y la brisa susurraba
nuestra canción del verano.
Nada estaba como entonces
hallé la puerta trabada
me asomé por la ventana
que alguna vez tuvo flores
y cortinas de colores;
la rompí con un ladrillo
entré sin pedir permiso
y en el jardín de la entrada
dejé mi vieja nostalgia
esperando como un niño.
Para encontrar el pasillo
abrí todas las persianas
la luz entró avergonzada
y se arrastró por el piso;
como un tesoro escondido
resplandecía la sala
por años deshabitada
y los revoques en ruina
parecían las heridas
que el rencor deja en el alma.
Como olvidados testigos
encontré nuestros retratos
las ratas dentro del piano
y nuestros pálidos libros
la arrogancia y el olvido
tirados sobre la alfombra;
el fuego arrojó su sombra
sobre el sofá tantas noches
frente al hogar donde entonces
degustábamos las horas.
En un cajón del armario
desempolvé un par de cartas
cuya existencia ignoraba
como ignoran los tiranos;
corrí temblando hacia el patio
busqué la fuente que hicimos
la que bañaba el rocío
me vi en su pobre reflejo
mi corazón tan enfermo
volvió a escuchar sus latidos.
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