Juan Oriental
Poeta que considera el portal su segunda casa
Injusto ha sido, es y será
el tormento sufrido
por la humanidad,
según su creencia,
por designio de su destino,
más que indulgente,
de pocas pulgas.
Por ejemplo: injusto
es nacer enfermo a una vida
única e irreemplazable
o injusto es nacer uno
sano y rozagante, y ya
creyéndose invulnerable
y hasta eterno, un día
sangrar por la nariz.
Por tanto, en afán de emular
tal impuesto destino,
algunos se han esmerado
en fabricarnos otro
pero más afinado,
más adecuado
a nuestro injusto
proceder humano,
y la mayoría de nosotros,
como posesión
en parte dominable,
lo aceptamos encantados.
¡Qué destino
ni destino celestial!
Nosotros hacemos
nuestro destino y mejor:
¡avaro, materialista,
feroz, brutal, criminal,
irracional!
Injusto destino
de actos perversos
como golpear a la vejez
en cuerpo, derecho
y dignidad, violar
niños en mitad
de su alegría,
corromper
la virtuosa decencia
de los únicos seres
que nos puedan auxiliar
(ángeles incluidos)
y que por suerte
son mayoría:
Gente de bien pero
demasiado escrupulosa
y sin la maléfica disposición
de los cultores
del injusto destino.
Tan injusto destino
nos hemos procurado,
que a riesgo yo
de ser excluido por
subversivo social,
(lo cual no soy pero
la injusticia es quisquillosa)
siento ganas de gritar: ¡Basta!
¡Paremos por favor!:
Sin creer en Dios,
leamos la Biblia
al menos como manual
de prevención de nuestra
segura hecatombe, pues,
mucho de cierto en trágica
experiencia humana
(más que divina)
parece contener.
Pero, ¿qué podemos esperar
de quienes inventaron
y los que consentimos
la injusta crucifixión?
Solo nos queda
seguir defraudando
las buenas intenciones
del amor y dejarnos
de llorar infortunios.
¡Injusto, injusto
y merecido destino!
¡Bien hecho!
el tormento sufrido
por la humanidad,
según su creencia,
por designio de su destino,
más que indulgente,
de pocas pulgas.
Por ejemplo: injusto
es nacer enfermo a una vida
única e irreemplazable
o injusto es nacer uno
sano y rozagante, y ya
creyéndose invulnerable
y hasta eterno, un día
sangrar por la nariz.
Por tanto, en afán de emular
tal impuesto destino,
algunos se han esmerado
en fabricarnos otro
pero más afinado,
más adecuado
a nuestro injusto
proceder humano,
y la mayoría de nosotros,
como posesión
en parte dominable,
lo aceptamos encantados.
¡Qué destino
ni destino celestial!
Nosotros hacemos
nuestro destino y mejor:
¡avaro, materialista,
feroz, brutal, criminal,
irracional!
Injusto destino
de actos perversos
como golpear a la vejez
en cuerpo, derecho
y dignidad, violar
niños en mitad
de su alegría,
corromper
la virtuosa decencia
de los únicos seres
que nos puedan auxiliar
(ángeles incluidos)
y que por suerte
son mayoría:
Gente de bien pero
demasiado escrupulosa
y sin la maléfica disposición
de los cultores
del injusto destino.
Tan injusto destino
nos hemos procurado,
que a riesgo yo
de ser excluido por
subversivo social,
(lo cual no soy pero
la injusticia es quisquillosa)
siento ganas de gritar: ¡Basta!
¡Paremos por favor!:
Sin creer en Dios,
leamos la Biblia
al menos como manual
de prevención de nuestra
segura hecatombe, pues,
mucho de cierto en trágica
experiencia humana
(más que divina)
parece contener.
Pero, ¿qué podemos esperar
de quienes inventaron
y los que consentimos
la injusta crucifixión?
Solo nos queda
seguir defraudando
las buenas intenciones
del amor y dejarnos
de llorar infortunios.
¡Injusto, injusto
y merecido destino!
¡Bien hecho!
Última edición: