En mi mente están danzando las primaveras... mi exploración en tus secretos e indiscreciones. No puedo sujetar a la brida el sentimiento que has despertado ni mucho menos estarme quieto por mi cuenta.
El segundo en que tu respiración cambió de ritmo y se hizo más superficial y rauda... fue el preciso instante en que disparaste feromonas por tu piel y me declaraste esclavo de tu deseo.
Al darme la espalda, apretándola contra mi pecho, desataste a los demonios que permanecían sujetos a los clavos de la disciplina...
Gracias, preciosa, por darme a entender que estoy vivo y que aún me quedan mares por navegar.
El segundo en que tu respiración cambió de ritmo y se hizo más superficial y rauda... fue el preciso instante en que disparaste feromonas por tu piel y me declaraste esclavo de tu deseo.
Al darme la espalda, apretándola contra mi pecho, desataste a los demonios que permanecían sujetos a los clavos de la disciplina...
Gracias, preciosa, por darme a entender que estoy vivo y que aún me quedan mares por navegar.