Pathétique
Poeta recién llegado
Le dedico letras porque ya no me queda nada más que le pueda dar,
también porque eso que me provocaba comienza ya a menguar
Le escribo versos cada vez más simple, versos que me incitan a extrañar.
añorando lo que se fue sin siquiera mirar hacia atrás y, encima de todo,
me pidió que como acto de piedad todo rastro suyo en mi fuese a borrar.
Sin embargo, creo que no lo he podido liberar,
no dejo que sus memorias surquen el mar,
en su lugar le lanzo esta red de palabras
con la ingenua esperanza de volverlo a alcanzar.
En cambio, éste que me atormenta ya lleva años a la deriva
y entregó a los demonios su alma tan virtuosa sin dudar
o quizá lo hizo y es por eso que clama en un silencio que puedo escuchar
que nuevamente alguien le diga que lo pueden amar.
Me es imposible poder esta historia narrar, pero cabe la necesidad de hacerlo
porque él vuelve dándome la idea de que sigue entre aquí y allá.
Regresa como una melodía, como un aroma, como eso que a mi espíritu sabe turbar
y aunque ahora ya no duele y ha cesado el frío, una sonrisa siempre me ha de robar.
Me pregunto a dónde irá ese gesto a parar,
si es que es su caricia etérea la que me alcanza en este suspirar
y si el autor de tal fechoría continúa pensando que no me puede extrañar
porque dijo alguna vez que no me sabía olvidar.
Le dedico letras como disculpa por pretender robarle libertad
y adueñarme de sus versos cuando era solo el modo en que su dolor encontraba tranquilidad.
Pero le escribo, creyendo que es para tantos sentimiento de antaño acallar,
cuando en verdad sé y los hago testigos de que mi vida en las letras se ha de forjar,
también porque eso que me provocaba comienza ya a menguar
Le escribo versos cada vez más simple, versos que me incitan a extrañar.
añorando lo que se fue sin siquiera mirar hacia atrás y, encima de todo,
me pidió que como acto de piedad todo rastro suyo en mi fuese a borrar.
Sin embargo, creo que no lo he podido liberar,
no dejo que sus memorias surquen el mar,
en su lugar le lanzo esta red de palabras
con la ingenua esperanza de volverlo a alcanzar.
En cambio, éste que me atormenta ya lleva años a la deriva
y entregó a los demonios su alma tan virtuosa sin dudar
o quizá lo hizo y es por eso que clama en un silencio que puedo escuchar
que nuevamente alguien le diga que lo pueden amar.
Me es imposible poder esta historia narrar, pero cabe la necesidad de hacerlo
porque él vuelve dándome la idea de que sigue entre aquí y allá.
Regresa como una melodía, como un aroma, como eso que a mi espíritu sabe turbar
y aunque ahora ya no duele y ha cesado el frío, una sonrisa siempre me ha de robar.
Me pregunto a dónde irá ese gesto a parar,
si es que es su caricia etérea la que me alcanza en este suspirar
y si el autor de tal fechoría continúa pensando que no me puede extrañar
porque dijo alguna vez que no me sabía olvidar.
Le dedico letras como disculpa por pretender robarle libertad
y adueñarme de sus versos cuando era solo el modo en que su dolor encontraba tranquilidad.
Pero le escribo, creyendo que es para tantos sentimiento de antaño acallar,
cuando en verdad sé y los hago testigos de que mi vida en las letras se ha de forjar,
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