Aisha Baranowska
Poeta que considera el portal su segunda casa
[video=youtube;xMoCbXIDJ7k]http://www.youtube.com/watch?v=xMoCbXIDJ7k[/video]
En esta ciudad reina de las ciudades
mora el alma de los tiempos,
en los castillos levantados
por la mano desconocida de un plebeyo
que no comía mucho, pero le gustaba hacer su trabajo;
cada pequeña piedra, cada ladrillo para él tenían sentido -
mientras construía la grandeza de este su país...
Y poniendo los fundamentos de la cultura,
con certeza se preguntaba
qué cataclismo tendría que venir
para que la humanidad se olvidase de su esfuerzo -
¡pero si tan sólo supiera...!
Si viera, que hoy después de tantos siglos
nadie ya se acuerda y a nadie ya le importa siquiera,
y nadie conoce el nombre del constructor...
Que los habitantes de esta ciudadela
le pusieron la barricada más indestructible todavía
al corazón - aquella fortaleza sonora y lúgubre;
le cerraron la puerta con seguro y le prohibieron la entrada
al amor, comprensión y respeto...
Cambiaron por la moneda la sonrisa
y por la tele - su caballo tallado en madera...
Cambiaron al viejo piano del salón
por una caja llena de recuerdos esfumados en el viento -
una caja muerta...
Las historias de niñez de la abuela
y las cartas escritas a mano
se han quedado muy lejos en el pasado -
¿y quién hoy sabe decir lo que es un buen poema...?
Dejaron atrás los modales finos y distinguidos
cuando se volvieron todos pobres y si no pasan desapercibidos,
para llamar atención de cualquier manera,
se llenan los bolsillos del dinero ajeno -
¿viviendo realmente? ¿O - viviendo de mentira...?
Triste es esta ciudad
la cual lágrimas sangrientas hoy derrama
sobre el vacío de los días y la soledad,
y triste el pensamiento de una cracoviense
perdida en el mundo - pero con fuerza y voluntad,
¡la que lucha, que marcha, que avanza...!
La que sí vive y que siente, y que no descansa...
[Cracovia; 29/10/2013]
En esta ciudad reina de las ciudades
mora el alma de los tiempos,
en los castillos levantados
por la mano desconocida de un plebeyo
que no comía mucho, pero le gustaba hacer su trabajo;
cada pequeña piedra, cada ladrillo para él tenían sentido -
mientras construía la grandeza de este su país...
Y poniendo los fundamentos de la cultura,
con certeza se preguntaba
qué cataclismo tendría que venir
para que la humanidad se olvidase de su esfuerzo -
¡pero si tan sólo supiera...!
Si viera, que hoy después de tantos siglos
nadie ya se acuerda y a nadie ya le importa siquiera,
y nadie conoce el nombre del constructor...
Que los habitantes de esta ciudadela
le pusieron la barricada más indestructible todavía
al corazón - aquella fortaleza sonora y lúgubre;
le cerraron la puerta con seguro y le prohibieron la entrada
al amor, comprensión y respeto...
Cambiaron por la moneda la sonrisa
y por la tele - su caballo tallado en madera...
Cambiaron al viejo piano del salón
por una caja llena de recuerdos esfumados en el viento -
una caja muerta...
Las historias de niñez de la abuela
y las cartas escritas a mano
se han quedado muy lejos en el pasado -
¿y quién hoy sabe decir lo que es un buen poema...?
Dejaron atrás los modales finos y distinguidos
cuando se volvieron todos pobres y si no pasan desapercibidos,
para llamar atención de cualquier manera,
se llenan los bolsillos del dinero ajeno -
¿viviendo realmente? ¿O - viviendo de mentira...?
Triste es esta ciudad
la cual lágrimas sangrientas hoy derrama
sobre el vacío de los días y la soledad,
y triste el pensamiento de una cracoviense
perdida en el mundo - pero con fuerza y voluntad,
¡la que lucha, que marcha, que avanza...!
La que sí vive y que siente, y que no descansa...
[Cracovia; 29/10/2013]