Carlos Aristy
Poeta que considera el portal su segunda casa
Cuando es un problema tener un macho entre las piernas.
En el delirio de la noche,
cuando se apagan las estrellas
y queda el vacío negro del abismo.
Cuando la luna ha cometido su suicidio
y gélida, pálidamente visible,
queda colgada en el prepucio azul del alba,
enfrentándose al nuevo sol cargado de esperma,
que sube indomable a su cenit.
Allí quedas tú, como un vocablo desconocido,
jadeante de amor, paralizada por los sueños.
La uñas delicadamente retocadas a la francesa,
el pelo en cascadas opacas como la noche misma,
con tu afeitada de bikini para hacerte más niña...
Él no era el escogido, el macho tipo alfa de tus sueños.
El que arrebata las cosas para poseerlas,
el que despilfarra el amor de telenovela.
Él no era el macho de los machos,
no era Zeus con sus centellas,
pero podía comprar una botella de vino
de quinientos dólares mientras existía Wall Street.
Hoy, amaneció entre tus piernas contropiezo
y sin trabajo, mientras tanto tú, marcabas
el número personal de tu abogado...
En el delirio de la noche,
cuando se apagan las estrellas
y queda el vacío negro del abismo.
Cuando la luna ha cometido su suicidio
y gélida, pálidamente visible,
queda colgada en el prepucio azul del alba,
enfrentándose al nuevo sol cargado de esperma,
que sube indomable a su cenit.
Allí quedas tú, como un vocablo desconocido,
jadeante de amor, paralizada por los sueños.
La uñas delicadamente retocadas a la francesa,
el pelo en cascadas opacas como la noche misma,
con tu afeitada de bikini para hacerte más niña...
Él no era el escogido, el macho tipo alfa de tus sueños.
El que arrebata las cosas para poseerlas,
el que despilfarra el amor de telenovela.
Él no era el macho de los machos,
no era Zeus con sus centellas,
pero podía comprar una botella de vino
de quinientos dólares mientras existía Wall Street.
Hoy, amaneció entre tus piernas contropiezo
y sin trabajo, mientras tanto tú, marcabas
el número personal de tu abogado...
Última edición: