danie
solo un pensamiento...
¿Enséñeme a ser como usted compadre?
Tu desconocido por todos… con tu risa soberbia y sarcástica frente a la indiferencia;
con rasgos de tabernero irritable,
maestro diestro en el hábito de la blasfemia, el dulce alcohol y las meretrices,
compañero de viajes y andanzas:
enséñeme a ser como usted,
experto flemático ante los prejuicios,
ante el qué dirán de las chismosas y limosneras de una colectividad opulenta;
con sus harapos de mendigo,
masturbando a la noche sugerente y locuaz,
seduciéndola con su encanto perspicaz
de un mundo olvidado para la orbe y su feudo;
alta alcurnia posee en un arrabal menesteroso
que se ríe a carcajadas de la sociedad.
Entonces Don Juan De Los Palotes:
muéstreme esa espuma que mana su barba con esa rabia provocativa,
muéstreme su hombría compadre
y enséñeme los caminos desafiantes contra la comitiva enardecida
por un ego arrogante que prevalece en su linaje.
Esos que se la dan de grandes nobles por fumar cigarrillos con boquillas,
por jactarse de la finanza y la economía,
por comer caviar con loza de plata,
esos que critican e injurian a los caudillos de sur pampeano,
esos llamados federales de la urbe porteña.
Malditos pedantes que no ven de frente a los ojos del hampa…
Compartamos tragos y putas como en los viejos tiempos,
fumemos el opio en nuestro recinto ante los ojos espantados del sofisticado solariego,
fustiguemos nuevamente al poder acomodado del capitalista.
Tú hermano, hagamos un pacto de sangre con los cuatreros del norte
y con tu jerga ácida de la labia del fango
violemos a esa prostituta justicia de jueces de culo sensible.
Esa viciosa y corrupta meretriz que se hace llamar estatuto penal.
Violemos su sistema y rompámosle el culo una vez más.
Ellos le ignoran… pero ignorar a la fiera del arrabal
es el pecado más mundano que pueden cometer,
viejo león Santillán.
Somos humildes pero aristócratas hermano
ya que conocemos la buena vida y su andar,
y como tal no nos someterán jamás…,
ahora tomemos las riendas y enseñémosles a sus mujeres
el tamaño que tiene el pene de un hombre de verdad.
(Tengo mis dudas si este poema entra al realismo, pero tenía una aguja clavada en el costado y la quise expresar)
Tu desconocido por todos… con tu risa soberbia y sarcástica frente a la indiferencia;
con rasgos de tabernero irritable,
maestro diestro en el hábito de la blasfemia, el dulce alcohol y las meretrices,
compañero de viajes y andanzas:
enséñeme a ser como usted,
experto flemático ante los prejuicios,
ante el qué dirán de las chismosas y limosneras de una colectividad opulenta;
con sus harapos de mendigo,
masturbando a la noche sugerente y locuaz,
seduciéndola con su encanto perspicaz
de un mundo olvidado para la orbe y su feudo;
alta alcurnia posee en un arrabal menesteroso
que se ríe a carcajadas de la sociedad.
Entonces Don Juan De Los Palotes:
muéstreme esa espuma que mana su barba con esa rabia provocativa,
muéstreme su hombría compadre
y enséñeme los caminos desafiantes contra la comitiva enardecida
por un ego arrogante que prevalece en su linaje.
Esos que se la dan de grandes nobles por fumar cigarrillos con boquillas,
por jactarse de la finanza y la economía,
por comer caviar con loza de plata,
esos que critican e injurian a los caudillos de sur pampeano,
esos llamados federales de la urbe porteña.
Malditos pedantes que no ven de frente a los ojos del hampa…
Compartamos tragos y putas como en los viejos tiempos,
fumemos el opio en nuestro recinto ante los ojos espantados del sofisticado solariego,
fustiguemos nuevamente al poder acomodado del capitalista.
Tú hermano, hagamos un pacto de sangre con los cuatreros del norte
y con tu jerga ácida de la labia del fango
violemos a esa prostituta justicia de jueces de culo sensible.
Esa viciosa y corrupta meretriz que se hace llamar estatuto penal.
Violemos su sistema y rompámosle el culo una vez más.
Ellos le ignoran… pero ignorar a la fiera del arrabal
es el pecado más mundano que pueden cometer,
viejo león Santillán.
Somos humildes pero aristócratas hermano
ya que conocemos la buena vida y su andar,
y como tal no nos someterán jamás…,
ahora tomemos las riendas y enseñémosles a sus mujeres
el tamaño que tiene el pene de un hombre de verdad.
(Tengo mis dudas si este poema entra al realismo, pero tenía una aguja clavada en el costado y la quise expresar)
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