Migajas

Francisco Lechuga Mejia

Poeta que no puede vivir sin el portal
La madrugada toda se me ha vuelto un instante. Un soplo que no basta para convocar a nombre de tu nombre en la plaza de tu espalda a todas las palomas de humo que se nos perdieron con aquellos mensajes de lujuria sin paz ente sus patas. Un soplo de tarde en el que miro cómo cae el día muerto detrás de las montañas y como resucita solo para recordarte.

Creo que de verdad me dan ganas de renacer en medio de esa oscuridad que antecede a la mañana para mirarme devorar las migajas de pastel que fui dejando desde el norte de tu nuca hasta las profundidades de tu sur sin frío ni sombras; sin dudas ni preguntas que bordearan tu cintura y terminaba en las profundidades de tu ombligo, y después, revivir con la visión en blanco, con todos y cada uno de los estallidos de aquellos fuegos de artificio que cegaron mi entendimiento y le abrieron a tus, hasta ese entonces, inocentes ojos; nuevos horizontes.

Las madrugadas todas se me han vuelto ese instante en el que te pienso mientras las ovejas del insomnio caen en el despeñadero de mis ojos y el eco de tu voz reverbera en mis oídos cual si fuera aquella melodía de viento que fueron tus suspiros.

Qué negro se va volviendo mí rostro entres nubes y preguntas que nunca hiciste; qué húmedo, qué ausente de sonrisas y de miradas bobas.
Qué sencilla habría sido la vida si te hubieras sentado a escuchar todas las respuestas a las preguntas que nunca formulaste.

Pero ahora, lo siento por tu dios, qué triste, qué fuego, qué ardor me nace desde atrás de la cabeza hasta la lengua que ya no dice nada cada vez que te recuerdo en cada soplo que se me revierte y se sale de la boca como un verso ¡carajos! como un verbo, como el último aire de mi aliento.

Te adoré, miel de noche y luna, por sobre todo mi ser y debajo de todas mis entrañas ¿qué clase de piel es la tuya que despierta cada noche en mí tus recuerdos con todos sus fuegos posibles?



Due 5.11.2013 en una tarde en la que el cielo se cubrió de fuego

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Hacía tiempo que no sentía el plasmado de sus letras. Como siempre, un placer.
Un abrazo.
 
Excelente prosa amigo, con fuerza y emotividad has logrado un trabajo para el deleite
Felicitaciones poeta y escritor
Un abrazo grande
 
Me encanta este alegato amoroso-desesperado, cada palabra, cada frase que combinas tan precisa y a la vez tan casual con una imagen cotidiana. Disfruto leyéndote, no es nuevo ésto que te digo.
Un abrazo, amigo.
 
Muchas gracias mi querida amiga... u nabrazo fuerte
Ligia Calderón Romero;4903783 dijo:
Otra vez yo robándome un suspiro de tus letras
en esta fría mañana de noviembre cuando surca
mi cielo una nube de pericos que no había vuelto
hace ya unas dos temporadas.
Deliciosamente rica tu melancolía de amor
que sorbo a sorbo me bebo para recordar la mía.

Excelente! mi estimado Fran,

ligiA
 
Don Francisco buenas noches.

Hermoso poema que he leído hoy.
Nuevamente camino sobre las letras de su poema.
con su aval poeta.

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Puede que el silencio salpique los ahora
y la lluvia constante cimbre los tejados
aun así,
percibo
aleteos de palomas
recogiendo las migajas
de la noche que fue alimento y dicha
en la plaza abierta de la espalda.

Nada se desperdicia de la mesa
que fue gala
banquete de sentidos
servido con el calor de las cocciones
vino y hogaza
para deleite de los paladares que conocen de sus frutos.

Que simple es compartir la morada
respondiendo preguntas hechas con los ojos
y que hermoso es vivir
con respuestas certeras del corazón
cuando los labios cerraron paréntesis a las dudas.

Y en los ahora de los instantes que se suceden
nada fue y nada es real
solo estos versos vestigios de un sueño
que se apagó sin un soplo divino.

Y sin embargo
la razón de su existencia tiene raíces posicionadas
que viven bajo los escombros
subsistiendo de la nada.


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usted siempre me halaga con sus comentarios... se lo agradezco harto

un abrazo fuerte

Don Francisco buenas noches.

Hermoso poema que he leído hoy.
Nuevamente camino sobre las letras de su poema.
con su aval poeta.

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Puede que el silencio salpique los ahora
y la lluvia constante cimbre los tejados
aun así,
percibo
aleteos de palomas
recogiendo las migajas
de la noche que fue alimento y dicha
en la plaza abierta de la espalda.

Nada se desperdicia de la mesa
que fue gala
banquete de sentidos
servido con el calor de las cocciones
vino y hogaza
para deleite de los paladares que conocen de sus frutos.

Que simple es compartir la morada
respondiendo preguntas hechas con los ojos
y que hermoso es vivir
con respuestas certeras del corazón
cuando los labios cerraron paréntesis a las dudas.

Y en los ahora de los instantes que se suceden
nada fue y nada es real
solo estos versos vestigios de un sueño
que se apagó sin un soplo divino.

Y sin embargo
la razón de su existencia tiene raíces posicionadas
que viven bajo los escombros
subsistiendo de la nada.


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Estimado Francisco, hay mucha poesía en este texto, de una belleza conmovedora, que solamente la sinceridad y el amor unidos pueden engendrar en la palabra. Me ha encantado, hasta lo he leído varias veces porque me produjo una emoción amplia y luminosamente profunda. Mis abrazos sinceros y felicitaciones.
 
La madrugada toda se me ha vuelto un instante. Un soplo que no basta para convocar a nombre de tu nombre en la plaza de tu espalda a todas las palomas de humo que se nos perdieron con aquellos mensajes de lujuria sin paz ente sus patas. Un soplo de tarde en el que miro como cae muerto detrás de las montañas el día y como resucita solo para recordarte.

Creo que de verdad me dan ganas renacer en medio de esa oscuridad que antecede a la mañana para mirarme devorar las migajas de pastel que fui dejando desde el norte de tu nuca hasta las profundidades de ese sur sin frío ni sombras; sin dudas ni preguntas que bordeaba tu cintura y terminaba en las profundidades de tu ombligo y después revivir, con la visión en blanco, todos y cada uno de los estallidos de aquellos fuegos de artificio que cegaron mi entendimiento y le abrieron a tus, hasta entonces, inocentes ojos, nuevos horizontes.

Las madrugadas todas se me han vuelto ese instante en el que te pienso mientras las ovejas del insomnio caen en el despeñadero de mis ojeras.

Que negro se va volviendo mí rostro entres nubes y preguntas que nunca hiciste: que húmedo, que ausente de sonrisas y de miradas bobas.
Que sencilla habría sido la vida si te hubieras sentado a escuchar las respuestas a las preguntas que nunca formulaste.

Pero ahora, lo siento por tu dios; que triste, qué fuego, qué ardor me nace desde atrás de la cabeza hasta la lengua que ya no me dice nada cada vez, cada instante, cada soplo que se me revierte y se sale de la boca como un verso, como un verbo ¡carajos! Como un suspiro…

Te adoré, piel de luna, por sobre todo mi ser y debajo de de todas mis entrañas.., ¿qué piel es tu piel que despierta cada noche en mí tus recuerdos con todos sus fuegos de artificio?



Due 5.11.2013


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Hermosa prosa donde plasmas el amor y la melancolía. Grato leerte. Un fuerte abrazo.
 

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