
El ruido de las olas golpeando la arena
apagó ayer los gritos de una gaviota herida
que rozó mis cabellos en su vuelo suicida.
¡Yo vi su cuerpo inerte sobre la mar serena!
¡Ay! susurrante ola de mi tragedia ajena
yo necesito estruendo mientras el alma olvida
que nunca volverá y vagaré perdida.
¡Que ruja la tormenta para acallar mi pena!
¡Mar, préstame tus olas más fuertes y bravías!
Ya no quiero escuchar silencios de saudades,
que mi herida está abierta y me duelen los días.
¡Olas, mostrad la furia que os dan las tempestades!
¡Uníos a la lluvia, tronad mil sinfonías!
¡Bramad fuerte, bramad y ahogad mis soledades!
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